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Sun, Dec

EDUCACION Y SANCION

Opinion
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No hace ni tantos días que las aguas de la bahía frente al malecón capitaleño se convirtieron en vertedero improvisado de cientos de toneladas de todo tipo de desperdicios arrastrados por las aguas de La Isabela y el Ozama, a consecuencia del intenso aguacero que por espacio de toda una madrugada cayó sobre el Distrito Nacional. 

La fea, sucia y contaminante visión se divulgó a nivel internacional con grave daño para la imagen del país, y en particular para la industria turística al proyectarnos como un territorio anegado de basura.

Las labores de limpieza requirieron el trabajo de casi dos mil brigadistas del ayuntamiento, el uso de equipos pesados aportados como colaboración  por empresas privadas, semanas de trabajo intenso y a un costo estimado en no menos de diez millones de pesos.

Ahora, todavía fresco en la memoria el penoso y costoso episodio, el alcalde del Distrito Nacional, David Collado, plantea la necesidad de llevar a cabo un trabajo coordinado y conjunto  por todos los ayuntamientos que integran el llamado Gran Santo Domingo, a fin de evitar que los residuos sólidos que se siguen arrojando de manera irresponsable e indiscriminada en los ríos Isabela y Ozama, al ser arrastrados por las aguas continúen convirtiendo en un auténtico basurero el litoral Sur.

Ya en otras ocasiones hemos contrastado la enorme diferencia que ofrecen las aguas cristalinas y de atractivo  azul que ofrecen los demás puertos de la región del Caribe con el color turbio que en cambio presenta la bahía de Santo Domingo, debido a la gran cantidad de basura y desperdicios de todo tipo que vierten ambos ríos.

De ahí el llamado que hace el alcalde de la capital a sus homólogos del resto de los municipios que componen el Gran Santo Domingo a fin de coordinar y ejecutar acciones tendentes a corregir la situación creada por esa razón.

Y en este sentido, entendemos que el principal reto y mayor esfuerzo deberá estar encaminado a lograr que descontinúen dichas prácticas quienes hasta ahora, de manera desaprensiva e irresponsable han venido utilizando por años ambos ríos como vertedero para arrojar todo tipo de desperdicios e inclusive descargar las aguas negras. 

Se trata de hábitos negativos generados y mantenidos a través de los años donde por abandono, irresponsabilidad, politiqueo y oportunismo se ha pecado de imprevisión, carencia de orientación, falta de autoridad  y de un régimen de consecuencias.

El problema de base es de educación.  Y como tal exigirá un dedicado trabajo de información y reorientación de malos hábitos añejos, con el agregado indispensable de ejemplares sanciones de ley para quienes persistan en seguir siendo agentes de suciedad y contaminación con los perjuicios que se derivan para el ornato público y la salud ciudadana.

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