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Relación comercial entre RD y Haití

Opinion
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Haití se mantiene como el segundo socio comercial más importante para República Dominicana, sólo superado por Estados Unidos, aunque con la ventaja de que la balanza con el vecino país es casi totalmente a favor de nosotros.
Sin embargo, poco a poco el comercio formal con esa nación se viene deteriorando, a tal grado que en los últimos dos años las ventas locales hacia esa nación han descendido.
Hasta el año 2015, República Dominicana estaba exportando en promedio poco más de US$1,000 millones anuales Hacia Haití. Pero en 2016 la situación varío grandemente cuando las ventas a esa nación bajaron a US$800.1 millones, es decir, una caída de -21%, según los informes estadísticos de la firma internacional TradeMap.
Aunque para 2017 se registra una mejoría, al subir las exportaciones a US$852.5 millones, ese incremento de apenas 6.5% es apenas una cuarta parte de la proporción en que se habían desplomado el año anterior.
En lugar de seguir la recuperación, la situación apunta a empeorar este año, debido a que, según las estadísticas de la Dirección General de Aduanas (DGA), las exportaciones dominicanas hacia Haití han bajado -3.8% al pasar de US$441.2 millones en enero-junio de 2017 a US$424.2 millones en el primer semestre de 2018.
No hay dudas de que una de las razones de esta caída en las exportaciones formales de República Dominicana es que las autoridades de Haití vienen aplicando medidas de barrera comercial tanto con el impedimento de la entrada de productos específicos como con aranceles hacia otros bienes.
Lo lamentable es que esas barreras hacia el comercio formal no necesariamente paralizan el intercambio bilateral, sino que incentiva la relación informal en perjuicio de ambos estados y de la población haitiana que adquiere los productos a más alto precio. De ese proceso solo se benefician los dominicanos y haitianos que controlan el contrabando y el comercio informal de bienes en la frontera.
Antes había dicho que en su relación comercial con Haití, República Dominicana tiene la ventaja de que su balanza comercial es positiva. En realidad es una súper ventaja, debido a que, por ejemplo, el año pasado, cuando exportamos US$852.5 millones hacia esa nación, nuestras importaciones desde allá apenas llegaron a US$42.1 millones, es decir, que la balanza es 95 a 5 a nuestro favor.
Hay muy pocos países en el mundo con los que República Dominicana mantiene un intercambio comercial importante con balanza comercial positiva, y ni remotamente al nivel que se presenta con el vecino Haití.
De hecho, si bien Estados Unidos es nuestro principal socio comercial, sepan que en 2017 nuestras exportaciones hacia allá llegaron a US$4,746.2 millones, pero a la vez nuestras importaciones sumaron US$7,827.5 millones, para una balanza comercial negativa de US$3,081.3 millones.
Así lo indican las estadísticas del United States Census Bureau, donde destaca que este año sigue esa tendencia de intercambio con balanza negativa para nosotros con exportaciones por US$2,181.9 millones en el primer semestre e importaciones que superan los US$3,344 millones.
Pero volviendo al comercio con Haití, es preciso que el Gobierno dominicano trate de identificar algún mecanismo efectivo de entendimiento con esa nación, algo que se torna difícil si tomamos en cuenta que el sistema gubernamental allí es muy débil e indefinido. Incluso, ahora con un presidente bajo cuestionamientos y sin primer ministro, la situación es peor.
En esas circunstancias, parece difícil establecer una mesa de diálogo institucional, por lo que la mala práctica de un comercio irregular en la informalidad se fortalece sin que se vea con claridad hacia dónde van los mayores beneficios, aunque sí se sabe quiénes son los más perjudicados: el Estado haitiano y los consumidores de esa nación.
También se descarta por el momento la posibilidad de comenzar las discusiones para un tratado de libre comercio con Haití, una intención que se quedó solo en el anuncio que hizo el presidente Danilo Medina durante su discurso de toma de posesión el 16 de agosto de 2012.
Después de eso, el mandatario no ha vuelto a tratar el tema, pues ya en el Gobierno, con un período y medio de gestión, parece que ha comprobado que es una meta difícil. Muy difícil.