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Sun, Nov

LA VOZ DE LA DIDA

Opinion
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En el conflicto que ahora mismo enfrenta a las Aseguradoras de Riesgos de Salud (ARS)  por un lado y en la acera de enfrente, en alianza y haciendo causa común por coincidencia coyuntural de intereses,  el Colegio Médico Dominicano  (CMD) y la Asociación Nacional de Clínicas  Privadas (ANDECLIP) faltaba por dejarse escuchar una voz.  Era la de la DIDA que es la de los afiliados al sistema. 

Por ellos y para ellos se ha levantado la de Nélsida Marmolejos, quien desde su creación, ocupa la dirección general del Departamento de Información y Defensoría de los Afiliados a la Seguridad Social (DIDA) para denunciar una vez mas, como lo ha venido haciendo desde el 2016, la negación de los servicios a los asegurados, que con justeza califica de atropellos. 

Marmolejos aclara, además, que no es la DIDA la que tiene y puede mediar en el conflicto planteado: los médicos reclamando una remuneración más justa por sus servicios y el derecho a prescribir procedimientos y medicamentos aunque no pertenezcan a ninguna ARS y la Asociación de Clínicas en nombre de sus asociados por un lado y las ARS por otro,  rechazando que las tres principales integren un cartel con la finalidad de apoderarse de los centros primarios y sosteniendo que sus acciones se ajustan a lo establecido en la Ley.  Como bien aclara su directora general, la función de la DIDA es representar y defender a los afiliados y no mediar en las diferencias entre los protagonistas del sistema.

La DIDA es el único organismo de su clase que existe en el mundo.  En ningún otro sistema de seguridad social,  los asegurados disponen de un mecanismo de orientación y defensa como es el nuestro.  En este sentido, hay que saludar que  la ley dominicana, a despecho de otra cualquier falla o limitación que pudiera imputársele, haya sido innovadora en este sentido en la vigilancia y protección de los derechos de los asegurados.

Durante los casi diecisiete años que han transcurrido desde que la Seguridad Social entró en vigencia,  la DIDA ha atendido quejas y reclamos de los asegurados a un promedio de 20 mil y más por mes, tanto en el área de salud como de pensiones.  Pese a la limitación que supone no disponer de facultades ejecutivas, el porcentaje de soluciones favorables a los asegurados gracias a su intervención, supera el 98 por ciento. 

El mérito es mayor si tomamos en cuenta las  precariedades presupuestarias con que se ve obligada a trabajar.  Desde el 2006, no obstante el enorme crecimiento registrado en la matrícula de asegurados del sistema,  que al presente ya da cobertura a más de siete millones de asegurados, el organismo recibe la misma cantidad de recursos, apenas menos de un 40 por ciento de los que demanda para cubrir sus necesidades.  Esto no solo limita sus requerimientos de expansión  sino  que la ha obligado a cerrar dependencias en el  interior del país en el pasado, y ahora mismo, se verá en la necesidad de prescindir de dos más antes de finalizar el año.

De esperar que una vez sea superado el presente conflicto, ya  por vía del diálogo o mediante resoluciones que adopte el Consejo Nacional de la Seguridad Social, como máximo organismo rector del sistema, que es de esperar tomen en cuenta prioritariamente los intereses de los asegurados y su derecho a obtener la más amplias y calificadas prestaciones de salud, se valoricen en justa medida los invaluables servicios prestados por la DIDA en beneficio de los mismos y se la dote de los recursos necesarios para ampliarlos en la medida demandada por un sistema donde todavía tiene un largo y  complejo trecho por andar para alcanzar su meta de dar cobertura a la población total del país.

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