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Sun, Nov

EL CENTENARIO DE NELSON MANDELA

Opinion
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Vio la luz un 18 de julio y de estar vivo, mañana (hoy) estaría cumpliendo un siglo de vida.  Su nombre de pila, Nelson Rolihlahla Mandela, aunque sus íntimos le llamaban “Madiba”, nombre que luego terminó por popularizarse.  Su patria chica Mvezo, Cabo Oriental, en Sudáfrica.

Opositor pacífico en sus comienzos  militando en el Congreso Nacional Africano, como uno de los líderes de la lucha no violenta contra el oprobioso sistema del apartheid, cuatro años más tarde después de la matanza de Sharpeville en 1960, que costó la vida a numerosos estudiantes negros, hecho por el que fue encarcelado,  escogió el camino de la oposición armada creando la organización clandestina “Lanza de la nación” de la que fue comandante en jefe, para promover la lucha guerrillera.  Apresado en 1964, fue condenado junto a varios de sus compañeros a cadena perpetua y trabajos forzados en la prisión de máxima segura ubicada en la distante isla de Robben.

Los excesos cometidos por el gobierno del apartheid y los atropellos contra la población negra,  motivaron la atención y el rechazo de la comunidad internacional, y con ella de la prisión de Mandela, convertido en símbolo de la lucha contra el odioso régimen racista.  Junto con el repudio a este se llevó  a cabo una fuerte y sostenida campaña en su favor, que culminó con su liberación el 11 de febrero de 1990, tras haber estado 27 años tras las rejas.

Integrado a la vida civil y política, a diferencia de la población blanca temía y contradiciendo el parecer de muchos de sus propios seguidores, Mandela encabezó una cruzada por la paz y la reconciliación.  Superando obstáculos y enfrentando con decisión el clima de violencia desatado por grupos de negros extremistas, Sudáfrica pudo celebrar sus primeras elecciones democráticas, en las cuales resultó triunfador por una abrumadora mayoría.

Instalado en el poder, Mandela llevó a la práctica en su gestión la misma prédica de reconciliación y unificación traducida en firme política de Estado, que lo convirtió además en mediador de conflictos surgidos en otras naciones africanas, las cuales lo aceptaron de hecho como líder natural del continente negro, hasta adquirir estatura universal. 

Si Martin Luther King fue la figura de mayor significación y peso en la lucha por los derechos civiles de la población afro-americana en los Estados Unidos, Nelson Mandela lo fue para Sudáfrica.  Si bien la nación que unificó dista hoy de semejar en la realidad el sueño de Mandela, no le resta grandeza y  significación a su vida.

En su obra “El largo camino hacia la libertad”, Mandela expresó “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar...”

En esa sola frase pudieran estar condensados su ideario, la razón de su existencia y el fundamento de su lucha que lo sitúa al mismo nivel de las grandes figuras  del  siglo XX y de toda la humanidad.

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