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El Louvre dominicano

Opinion
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Las grandes obras de arte juegan un rol importante en cualquier sociedad. Ellas retratan la percepción del artista sobre un sentimiento o algún aspecto de la realidad física, buscando exaltar su belleza y usando para ello la materia, la imagen o el sonido. Su contemplación genera un placer estético que contribuye a mejor valorar la vida y hasta ayuda a forjar la identidad. Pero ese resultado no se logra cuando el lugar de exhibición es inadecuado, como lo sería una oficina pública cualquiera. 

Está bien establecido que la contemplación de una obra de arte estimula el flujo sanguíneo en aquella parte del cerebro que está relacionada con el placer. (El flujo es mayor cuando se contemplan imágenes bellas y menor en caso contrario.) Un estudio británico sobre la contemplación de las obras de arte encontró que el placer estético que se deriva equivale a estar enamorado (http://www2.latercera.com/noticia/la-contemplacion-de-una-bella-obra-de-arte-estimula-el-flujo-sanguineo/). Ante tan deseable resultado se entiende porque la contemplación debe realizarse en lugares apropiados. Se requiere un albergue digno de esa sublime misión.

Las galerías de arte no son los mejores lugares para la exhibición de las obras de arte.  Ellas son comercios preparados para la contemplación, pero no son los lugares óptimos porque la ubicación y despliegue de las obras tienen un objetivo de lucro –por parte del propietario de la galería– que puede distorsionar su percepción.  Sin fines de lucro, la mayor galería de arte del planeta son los hogares. Ni siquiera el Museo John Paul Getty (http://www.getty.edu/museum/), el mayor del mundo, podría competir con ellos en cuantía de obras y valoración de las mismas. Pero la vida cotidiana de los hogares tiende a devaluar la apreciación estética por razón de la familiaridad que genera.

Habría que aceptar entonces a los museos de arte como los lugares óptimos para el despliegue y contemplación de las obras de arte. Aquí se reconoce esta realidad con la existencia del Museo de Arte Moderno (MAM), “la principal Institución del Estado Dominicano dedicada a la conservación, puesta en valor y divulgación del arte moderno y contemporáneo dominicano, nacional e internacional. Posee algunas de las obras más destacadas de los precursores de la plástica dominicana, a partir de la Independencia Nacional en 1844, hasta las producidas por artistas contemporáneos. Hoy en día posee el patrimonio público de las artes visuales más importante del país, que abarca más de un siglo de escultura, pintura, dibujo, grabado, y fotografía.” (https://es.wikipedia.org/wiki/Museo_de_Arte_Moderno_de_Santo_Domingo).   

En materia de pinturas, sin embargo, el MAM no puede competir con las más de 600 obras de arte que alberga la sede de la Dirección General de Aduanas (DGA). Al fallecido Director de esa institución, Miguel Coco, se le acredita no solo haber acabado con el contrabando de su época sino también haber invertido los recursos de la mercancía subastada en la adquisición de las más valiosas pinturas de artistas nacionales.  Hoy día la  Fundación del Patrimonio Cultural de la DGA tiene como misión adquirir, preservar y proteger esas obras de arte.  Otros objetivos son los de “decorar las instalaciones de la DGA y resaltar la solemnidad e importancia de sus actividades, así como satisfacer el espíritu, las aspiraciones, ideales, y el deleite visual de sus funcionarios, empleados y usuarios.” La Asociación Dominicana de Críticos de Arte (ADCA) y el Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (CODAP) le han hecho reconocimientos “por su respaldo decidido a la creación artística dominicana materializado en su colección permanente de alto nivel” (https://desdelarepublicadominicana.blogspot.com/2016/04/insolito-direccion-de-aduanas-adquiere.html).

Esta situación, por supuesto, deja que desear. Como ya se señaló anteriormente, las oficinas públicas no son los mejores sitios para la contemplación de las obras de arte. Por el embotamiento de los sentidos que se da en los hogares resulta imposible producirle deleite a los empleados de la DGA, y sería muy dudoso que los usuarios de los servicios pudieran ignorar la aprehensión que le producen los asuntos a dirimir con la DGA cuando la visitan para poder tener una contemplación libre de preocupaciones. Por otro lado, una colección tan grande debería coordinarse con –o ser parte de—la colección del MAM.  Lo mismo podría decirse de las importantes colecciones que poseen entidades tales como el Banco Central, el Banreservas y las dos cámaras del Congreso. 

Está bien que las oficinas públicas tengan fotos o pinturas de antiguos incumbentes  y hasta de paisajes nacionales y otros temas banales.  Lo que no está bien es que pinturas que se tienen como grandes obras de arte se encuentren en su poder y se desplieguen a un público desinteresado, evitando así el placer estético que podrían derivar estudiantes y visitantes interesados, tanto nacionales como extranjeros.  De ahí que deba repensarse la ubicación de estas importantes colecciones y buscarle un albergue compatible con su calidad como parte del patrimonio cultural histórico de la nación. Los museos privados del Centro Leon y el de Bellapart ilustran bien el tipo de instalaciones que deben crearse para tales contenidos.

La mudanza de las colecciones mencionadas al MAM sería la medida más lógica y sencilla, aun si solo se transfiriera a su sede aquellas obras de mayor valor e importancia.  Pero eso sería imposible porque el MAM no tiene sitio suficiente para recibirlas. Lo que podría pensarse es en el uso para tales fines de los edificios que alojan al Museo del Hombre Dominicano y al Museo de Historia Natural. Estas dos últimas entidades están en estado agónico y no sirven ninguna función, amén de que sus escasos contenidos podrían trasladarse a los vacíos pabellones del Faro a Colon u otra locación pertinente. Así habría tres edificios contiguos en la Plaza de la Cultura albergando tan valiosos contenidos y constituyéndose en una especie de Louvre dominicano (https://www.listindiario.com/las-sociales/2018/06/29/521872/experto-del-museo-louvre-dicta-conferencia).

Pero antes de tomar cualquier decisión respecto a una posible consolidación de todas las colecciones públicas de obras de arte importantes deberá ponderarse cuan asequible y atractiva es la nueva locación.  El rumor existe que el MAM es visitado por no más de 100 personas al mes, mientras el Faro a Colon atrae a más de 3,000, incluyendo numerosos extranjeros. Vale la pena preguntarse pues si no sería más conveniente ubicar el patrimonio en cuestión en los vacíos pabellones del Faro.  Eso haría que se convierta en una atracción turística que supere a la Ciudad Colonial y así se estaría exponiendo nuestra identidad artística a los visitantes extranjeros.  Si un teleférico que conectara uno y otro sitio sería muy incentivador del turismo.

Tal reubicación, sin duda, convendría para hacer a Santo Domingo más atractiva para los extranjeros. Habría que preguntarse si se lograría igualmente un importante flujo de nacionales y si la visitación de escolares tanto a la Plaza de la Cultura como al Faro a Colon garantizaría una masa crítica de esos visitantes. Pero para el pueblo llano habría que pensar también en un lugar como el Parque Independencia de la capital u otros similares, incluyendo las ciudades del interior, donde se podría exponer fotos gigantes de las obras de arte nacionales más sobresalientes (http://hoy.com.do/10-obras-magistrales-de-la-pintura-dominicana/). 

Al final, las decisiones deben ser gobernadas por el criterio de que todos tenemos el potencial y la sensibilidad de ser impactados gratamente por las obras de arte.  Todos podemos, por tanto, apreciar el placer estético de la contemplación de las nuestras. Pero falta que nuestros gerentes culturales evalúen las consideraciones aquí repasadas y no se limiten a los requisitos de la conservación. Y que lo hagan con criterio de equidad social, sin creer que lo sublime es atributo exclusivo de las elites. Todos somos capaces de enamorarnos porque todos producimos feromonas y oxitocina, los dos ingredientes biológicos del amor (https://www.abc.es/familia-padres-hijos/20150418/abci-oxitocina-parto-feliz-201504161753.html).