Alrededor de seis mil años atrás en el Jardín llamado Edén, paraíso preparado por Dios para los seres humanos, se presentó ante Eva un despiadado hijo rebelde de Dios, quien, camuflado en una serpiente presentó a la inocente mujer una oferta muy tentadora, en la cual ella consintió, luego convenció a su marido para que él también traicionara a Dios, su Señor, y ambos comieron del fruto prohibido. (Génesis 3:1-6)
 Benito Montás Domínguez | |
Pero aquel ser celestial, el cual es llamado luego el Diablo, por difamador y mentiroso, y Satanás, por ser un rebelde opositor a Dios, no cumplió con los ofrecimientos hechos a aquellas cándidas criaturas. No logró que llegaran a ser como Dios y mucho menos les impidió morir.
Simplemente se aprovechó de ellos para sus despropósitos contra el Señor Soberano del Universo, luego que creyó haber logrado sus planes, sencillamente desechó en el ostracismo a la pareja pecadora. (Génesis 3:8-19, 23, 24; Apocalipsis 12:8)
Por esta razón el Señor Jesucristo llama a Satanás el Diablo, asesino y además el padre de la mentira, lo que convierte a todo el mentiroso en su hijo. (Evangelio de Juan 8:42-44)
Otro caso es el del Rey David, un hombre que lo tenía todo, hasta una relación especial con Dios.
Un día se fijó en Betsabe, y aunque tenía esposas y concubinas, decidió tener ésta también. Cuando se enteró que ella esperaba un hijo suyo, David mando a matar a su esposo y luego hizo de ella una esposa más. Es digno de leer el relato que se encuentra en el segundo libro de Samuel, capítulo 12, versículos 1 al 12, para comprender lo grave de aquella situación y el ejemplo que el profeta Natan usa allí para hacer que el Rey David entre en razón de su pecado. Por favor busque en su Biblia y léalo.
Estos dos casos nos muestran dos cosas, primero lo que se es capaz de hacer con tal de conseguir sus propósitos, mentir, engañar, sonsacar, matar. Y segundo, lo que el poder puede hacer en las personas, hacerlas desear ambiciosa y avaramente más y más de lo que se tiene, incluso llegar a mentir, sonsacar y matar para conseguirlo.
Es lamentable que casos como estos se reproduzcan una y otra vez en la historia del hombre. Vemos personas que parecen hijos adelantados del Padre de la mentira, mintiendo, mintiendo y mintiendo para conseguir llevar sus planes a cabo; a la vez que no les importa destruir y mancillar dignidades; engañar insensatos con palabras melosas y ofrecimientos que luego, al igual que aquel, no cumplirán.
O en su codicia por el poder y lo que este ofrece, son capaces de quitarle a unos lo poco que les queda para poder seguir subsistiendo, o hasta eliminarlos por completo de ser necesario, todo con el fin de obtener lo que su avidez le plantea.
Pero en esta Semana Mayor, cada uno de nosotros debe reflexionar en como escoge su camino, si desea ser llevado por la avidez y la codicia en seguir los pasos de maquiavelo, el fin justifica los medios; o seguir la senda de Cristo, humildes, cuidando nuestros pasos para no hacer tropezar, sirviendo y deseando servir a los demás, no sirviéndonos de ellos. Tenemos que reflexionar, pues nuestro futuro y el de nuestros hijos están expuestos ante los deseos de la avaricia por el poder y el "maquiavelismo" malicioso, que busca en las cándidas e inocentes mentes de una parte de la población, inocular su veneno, engañando y sonsacando, mintiendo y al final no cumpliendo. Pero ya nosotros no somos tan inocentes.