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PELANDO EL PLATANO

La maldad siempre estuvo ausente


Por Luis M. Ruiz Pou
Analista Político / lmar.ruip@codetel.net.do



jueves 28 de agosto de 2008, actualizado

“La vida no es medida por el número de respiraciones que tomamos, sino por los momentos que nos hacen cortar la respiración” (Anónimo). “Con la unión, el amor y la fuerza, siempre venceremos (Asela Mera). “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo”. (François Mauriac)
Asela Mera de Jorge
Asela Mera de Jorge

 En la madrugada del 14 de junio, fecha gloriosa para todos los dominicanos, se nos mudó de repente y definitivamente de la tierra hacia el cielo, Asela Mera de Jorge, amorosamente llamada por los amigos como "Doña Asela". A la hora de su inesperada muerte, contaba con 74 años.

Fue primera dama de la República, al tiempo que fungía de secretaria particular y esposa fiel e inseparable por 51 años del ex presidente Salvador Jorge Blanco (82-86), jurista de prestigio y gran demócrata. En el Palacio Nacional, doña Asela mantuvo distancia entre lo político y lo administrativo.

Doña Asela fue la madre abnegada de sus dos hijos: Orlando Jorge Mera y Dilia Leticia Jorge Mera, a quienes guió con ternura y honestidad, hasta que lograran los niveles académicos más altos. Además fue muy cariñosa con sus cuatro nietos, Orlando Salvador, Patricia Victoria, Isabel Cristina y Elia Leticia.

Doña Asela, mujer de fina ternura, con su mirada bañaba bondad a todo aquel que se le acercara. Cuando alguien acudía a pedirle apoyo ¡ahí estaba doña Asela para auxiliar al necesitado!, porque  siempre trabajó para la clase más desposeída.

Doña Asela difícilmente llegara a sospechar de la maldad del otro. Siempre creyó en los hombres, porque son personas de bien. Nunca dudo de la lealtad de sus amigos; sin embargo, fue víctima de aquellas personas malas que permitían la maldad y no la castigaban, sino que ordenaban que se haga. Y es como dijo Platón: "De virtud hay una especie, de maldad, muchas".

Perdimos a una mujer de mil batallas, como lo demostró cuando le imputaron a su esposo maliciosamente, actos no santos como administrador de la cosa pública, buscando desprestigiar su buena imagen de ciudadano honesto y cuando junto a su esposo, arriesgaron sus vidas para la Revolución de abril de 1965, en busca de la vuelta a la constitucionalidad, desaparecida con el golpe de Estado de 1963,  fraguado por resentidos trujillitas contra el primer gobierno democrático, surgido de la urnas de diciembre de 1962, encabezado por el profesor Juan Bosch.

Asela, con tu partida, hemos perdido el sentido, pero siempre de parte nuestra, habrá "un te queremos", siempre tendrá un amigo con el que puede pensar en voz alta. Y no olvide que la maldad cuesta un gran disgusto y la mejor mentira cuesta muchos pequeños disgustos y que al final, un disgusto grande. Como dijo Martin Luther King Jr.

"Lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de los buenos"

Sabemos de tus grandes disgustos por las calumnias y los falsos testimonios que levantaron algunos resentidos sociales para lucrarse de un gobierno perverso e indolente. Hicieron muchas maldades contra tu familia, que en muchos momentos de angustia, te cortaron la respiración, pero con la unión de todos tus amigos y la fuerza de amor que demostraste, pudiste vencer todas esas ignominias, porque en tu corazón, la maldad siempre estuvo ausente.

Asela, de tu despedida todos debemos de aprender a escucharte, ya que tu Divino silencio, serán palabras destinadas a convencernos de que el Señor sabe lo que hace. Gracias a Dios que los bondadosos amigos que debieron de estar en el aeropuerto de la eternidad para tu despedida hacia el encuentro con el Señor, estuvieron presentes, y que no tuvieron los que nunca debieron de estar. Los que con sus maldades, ¡te amargaron la vida!... ¡Hasta siempre querida y adorada Asela!




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