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ANALISIS

Presidente Obama: levante el embargo a Cuba


Por Alejandro Vilela G.
Experto en Política Internacional



viernes 19 de marzo de 2010, actualizado

Escribo estas líneas el 19 de enero hallándome aún bajo la profunda conmoción que provocó en mi espíritu, más allá de toda posible descripción, la espeluznante tragedia que ha desolado al pueblo de Haití. Horroriza pensar que en un minuto o menos la ciega Naturaleza, calificada así por Schopenhauer, ensañándose con una crueldad sin límites y pocos paralelos, haya destruido prácticamente a una nación que ya era víctima de una pobreza extrema y dejado víctimas fatales por decenas de miles, heridos graves por muchos miles más, traumas sicológicos sin posible cálculo y a cientos de miles de seres humanos teniendo como único refugio la intemperie y como sanitario las calles.
El presidente norteamericano Barack Obama
El presidente norteamericano Barack Obama
Hillary Rodham Clinton
Hillary Rodham Clinton

No nos engañemos, la secuela del terremoto haitiano se extenderá por muchos años y afectará hondamente a República Dominicana, cuyo pueblo generoso y también su gobierno, es honesto y decente reconocerlo, han dado testimonio desde el primer momento de una solidaridad fuera de lo común. También hay que aplaudir la ayuda internacional en sentido general, y solicitar de los países más ricos que, mientras corren en auxilio de Haití, que lo exige en primer lugar,  no se olviden de extender también su ayuda masiva a República Dominicana que ha desbordado y desborda noblemente la ayuda más allá de sus propias posibilidades, básicamente en lo concerniente a la asistencia médica. La situación en Haití, y eso que aún no se ha generalizado y extendido como plaga maldita la canallesca especulación de precios, creará por tiempo indefinido tensiones de índole diferente en la región del Caribe.

Pensando en todo esto, abrumado por las escenas de inenarrable dolor que exhiben los reportajes nacionales e internacionales de televisión; reflexionando cuan inútiles resultan las rencillas, los rencores, los odios, los prejuicios, las maledicencias, las ambiciones, la avaricia, las envidias, los egoísmos, las incomprensiones, las divergencias ideológicas, las querellas entre los seres humanos frente al horror y la catástrofe  que es capaz de producir en tan sólo un minuto un  tenebroso capricho de la Naturaleza, se me ha ocurrido dirigirle con todo respeto y consideración al Sr. Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Barack Obama, una exhortación para que tome sin mayor dilación la  iniciativa  para levantar de una vez todas las restricciones del embargo comercial a Cuba, política que sólo ha sido útil para penalizar al pueblo cubano y que por su rotundo fracaso (ha servido únicamente para afianzar en La Habana la postura de Fortaleza Sitiada) debió de ser abandonada hace muchos años.

Señor Presidente, todas las condiciones son favorables. No hay excusa alguna para no intentar la derogación de esa ley. No hay un solo argumento estratégico para mantener el embargo tras la conclusión de la Guerra Fría hace casi dos décadas. No hay Unión Soviética, no hay imperio soviético ni interior ni exterior. No hay Comintern. No hay Cominform. Usted mismo ha visitado Rusia y busca mejores relaciones con el Kremlin.  Pocos recuerdan y nadie tomó nunca seriamente en consideración cuando el ex presidente ruso Boris Yeltsin le entró a cañonazos en el otoño de 1993 al edificio del Parlamento ruso, para disolver a un poder legislativo que NO había sido impuesto sino elegido democráticamente por el pueblo.

Tampoco se puede esgrimir un solo argumento moral o democrático cuando el comercio con Estados Unidos ha transformado a la República Popular China (China comunista o China roja antes de Nixon-Kissinger y el ping-pong) en la tercera o cuarta potencia económica del mundo; cuando ese comercio es altamente deficitario en favor de Pekín (ahora Beijing para obviar negativas connotaciones); cuando a China roja se le mantuvieron los privilegios comerciales después de la matanza de Tiananmen; cuando el régimen de Pekín no le permite al gobierno de Washington, ya no dialogar sobre los derechos humanos, sino ni siquiera plantear el tema; y cuando en la Guerra de Corea numerosos estadounidenses perdieron la vida a manos de tropas chinas. Además, es pertinente esta pregunta: ¿En que medida ha influido en el alto desempleo en Estados Unidos, más allá de la profunda crisis económica que parió la incontrolable especulación financiera, el hecho de que corporaciones norteamericanas se hayan instalado en China comunista en  busca de bajos salarios?

En Vietnam hubo una sucia guerra, la más larga del siglo 20, con el falso pretexto de contener el comunismo en el Sudeste Asiático. Nada se contuvo, sino que se multiplicó a su término. Yo escribí mucho a favor de aquella guerra cuando era aún  muy ingenuo e inocente en el análisis político, aunque me creyera lo contrario y otros muchos lo creyeran también. Fue un conflicto auspiciado por los peores intereses de Estados Unidos, cuyo pueblo, mayoritariamente, es generoso, decente, hospitalario, trabajador.... Cincuenta y ocho mil norteamericanos perdieron la vida en ella, un gran número desapareció y otros incontables quedaron traumatizados de por vida. Sin embargo, hoy hay relaciones diplomáticas y comerciales entre Washington y Hanoi, y tampoco se le exigen condiciones al gobierno de Vietnam.

    Aclaro en seguida que no estoy en contra de las relaciones diplomáticas y comerciales con ambos países. Es incomparable mejor hablar y comerciar que entrarse a tiros cuando no es en defensa propia. Lo que resalto es la absurda e injusta incongruencia. La República Popular China y Vietnam, por no decir nada del gigante ruso, son muy grandes; Cuba es pequeña, y toda la sangre derramada por los adversarios en este largo  proceso político, todas las inevitables angustias, han sido cubanas.  

 Desde un estricto pragmatismo de política comicial, de politiquería, si prescindo del eufemismo, la reacción cubana en Miami ha decrecido notablemente, lo que es natural biológica y síquicamente después de ¡MAS DE 50 AÑOS!, y ya NO resulta un factor decisivo como centro de gravedad  para la obtención de los 24 votos electorales de la Florida en las elecciones presidenciales. Dos pruebas irrefutables a este tenor:

a) Usted ganó la Florida a pesar de la oposición de la reacción cubana;
b) Decenas (tal vez cientos) de miles de cubanos han visitado a sus familiares en Cuba haciendo caso omiso de las consignas en contra de tales viajes aireadas por el terrorismo radial que ha tenido vigencia (no sé si todavía la tiene) en Miami.  Los viajeros, que de hecho han demostrado estar en contra del embargo, no lo manifiestan públicamente por un comprensible temor a perder sus trabajos, a ser agredidos, a convertirse en víctimas de la claque reaccionaria que desde hace años transformó  el anticastrismo en un jugoso negocio, pero que muy jugoso.

No está ausente la ironía de que entre tales ridículos Catones (llevan años hablando sandeces) no han faltado los que fueron  marionetas del gobierno cubano y que al llegar a Miami adoptaron el radicalismo para lavar en aguas de ese Jordán sus propias miserias arribistas. Nunca he tenido que lavar nada. Mientras algunos de ellos, incluso vestidos de paramilitares (milicianos), defendían aún el gobierno de Cuba, quien esto escribe, después de haber salido voluntariamente de la Isla en octubre de 1961 junto a mi hermano Arturo, fallecido en Miami,  vivía y dormía en un catre, en un tienda de campaña, rodeado de serpientes venenosas, de nubes de polvo y asaltado por insectos increíbles en el campamento Matecumbe, en los Everglades de Miami (parte de 1962 y parte de 1963), fungiendo a los 24 y 25 años de edad como padre de decenas (en ocasiones cientos)  de adolescentes cubanos en la llamada operación Peter Pan, experiencia muy gratificante espiritualmente y también  inolvidable. Fue este el único  trabajo que pude conseguir en Miami (gracias a un amigo) tras HABER RENUNCIADO POR PRINCIPIOS a una posición como periodista en la emisora WMET, que tenía entonces sus estudios en la calle 5 de Miami Beach.

c) Legisladores demócratas y  republicanos han viajado a Cuba en los últimos años y se han entrevistado con autoridades cubanas al más alto nivel. ¿No podrían constituirse ellos en el núcleo para apoyar en el Congreso una iniciativa suya de revocación de la ley de embargo?

Señor Presidente, yo también fui durante años un duro crítico del gobierno de Cuba y escribí decenas de artículos y programas de radio en su contra, incluidos los que escribí en Radio Martí cuando trabajé allí (Washington D.C.) como jefe de Redacción y guionista. Pero la desintegración de la Unión Soviética y el término de la Guerra Fría me convencieron de la invalidez en un futuro de la confrontación, de la impostergable necesidad de evitar un conflicto fratricida en la Isla; conflicto que bajo ningún concepto, táctico o estratégico favorecería a Estados Unidos, todo lo contrario. Me convencí además, y sigo convencido, de que la negociación sincera y de respeto mutuo es el único camino para dirimir las diferencias entre Estados Unidos y Cuba. Las concesiones tienen que ser recíprocas, todas las partes tienen que ceder, como es lógico, pero ninguna nación y Cuba lo ha demostrado incuestionablemente, se sienta a una mesa de negociación encontrándose sitiada.

Quien esto escribe, Sr.Presidente, no tiene mayor importancia, pero para mi es más que suficiente (frente a tanta degradación, corrupción, otras delincuencias y demagogia barata, todo globalizado) el haber dignificado con una conducta de toda la vida con base en la honestidad, la integridad, los principios y LA TOTAL INDEPENDENCIA CRÍTICA Y DE CRITERIO, a mi patria natal, Cuba, y a mi patria adoptiva desde hace aproximadamente 42 años (más unos siete de residencia legal), los Estados Unidos de Norteamérica, y también a República Dominicana, donde resido en la actualidad con mi esposa y mi hija.

    Este es mi mayor orgullo a los 72 años de edad, a pesar de haber escrito hace 19 en la revista miamense Contrapunto (¡porque no estoy ciego ni tampoco soy  tonto, confirmado esto por dos libros y cientos de cientos de artículos!) lo siguiente: "....La honradez es como un pesado fardo que se lleva a cuestas como sintiendo uno hasta un poco de vergüenza. Estar libre de toda fechoría te hace sospechoso ante muchísima gente. El delincuente desdeñará siempre al honrado porque quisiera verlo también revolcarse en el estercolero. Jamás hubiera pensado que la honradez delataría al desajustado social, porque todo desajuste, la locura misma, es apartarse de la realidad, y la realidad es siempre la realidad social. Si lo que se acepta como natural, aunque no se proclame, es la delincuencia a todo nivel, quienes se obstinen en ser honrados, en no aceptar tales patrones de conducta social, terminarán por transformarse en elementos subversivos, alejados de la realidad en un mundo de íntimas alucinaciones de integridad y decoro sin ningún asidero real. La honradez llega entonces a ser sinónimo de locura...."

Muy respetuosamente
Alejandro Vilela G      


  NOTA: Con el mismo respeto y consideración hago extensiva esta exhortación a la Sra. Secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, que no sé si recuerda o supo alguna vez que durante el escándalo orquestado en 1998 contra su esposo, el entonces presidente Bill Clinton, escribí en el periódico Listín Diario más de 50 (cincuenta) artículos en defensa de él y en apoyo suyo sin esperar ninguna recompensa. ¡Sólo me animó lo que entendía que era justo frente a los insaciables reaccionarios! AVG




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