En la reunión, que tuvo lugar en la localidad de Iqaluit, el ministro de Finanzas de Canadá, Jim Flaherty, dijo que de hecho el bloque está comprometido al perdón de todo el débito bilateral con esa nación.
"La deuda con instituciones multilaterales debería ser perdonada y vamos a trabajar con estas instituciones y otros socios para que esto suceda lo antes posible", agregó el funcionario en rueda de prensa.
Pronunciamientos de esa clase eran esperados por buena parte de la comunidad internacional, para la cual es un deber moral de los países ricos demostrar con hechos y no palabras una real solidaridad con la catástrofe ocurrida en Haití.
La reunión, que sesionó durante dos días, sirvió para que el G-7 analizara la evolución del sistema financiero internacional y fórmulas de afianzar la frágil recuperación de la economía mundial.
Esto último la agrupación lo pudo comprobar en el descalabro sufrido esta semana por las bolsas de acciones en Asia y Europa y los vaivenes de Wall Street.
Los mercados se estremecieron ante el temor de que países como Grecia, Portugal y España no puedan resolver solos sus graves problemas de deuda.
Causó decepción que los ministros de Economía y los gobernadores de bancos centrales de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón no profundizaran en las verdaderas causas de la crisis.
También que no propusieran una radical transformación del sistema monetario mundial, tan reclamado por la ONU y la mayoría de las naciones.


