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En el Asilo de Hombres las condiciones son distintas a los miserables refugios nocturnos. Los indigentes pueden dormir de noche, pero también asearse y permanecer de día. Son alimentados y hasta tienen asignados un salón de trabajo y tertulias. Además, se trata en ciertos casos de personas que han perdido su empleo temporalmente, no del tipo de vagabundo consuetudinario.
Resulta asombroso que el futuro amo de Europa se quede a vivir en este asilo desde el invierno de 1910 (algún momento entre enero y febrero) hasta el mes de abril de 1913, es decir, ¡más de tres años! Desde los 21 hasta los 24 años, un individuo tan orgulloso, egocéntrico y narcisista subsistirá como un limosnero de la caridad estatal. Pero la obsesión hipocondríaca y la falta de recursos, como ya sabemos, han hecho crisis en Hitler, sumiéndolo en una profunda depresión, que no le permitía otra opción que la absoluta dependencia. Esta evidente condición depresiva nunca, hasta donde sé, ha sido objeto de estudio por historiador alguno.
LA FANTASIA COMO DEFENSA
Cabe señalar que las crisis neurótica de Hitler, básicamente las relativas a la histeria y depresión, todas asociadas a su terror de morir en cualquier momento, revistieron en Viena etapas contrastantes. En ocasiones se mostraba eufórico y trabajaba como un obseso en algún proyecto fantasioso en que se veía a sí mismo convertido en un artista eminente. Lo más curioso es que asociaba sus desmesuradas fantasías más con la música que con la pintura, aunque también dibujaba en horas de la noche.
De acuerdo con August Kubizek, en distintas ocasiones durante su estadía con Hitler en Viena, encontró a Adolf escribiendo y escribiendo lo que afirmaba sería una ópera inmortal en la que el amigo debía ayudarlo con la música. Kubizek, sin embargo, se veía en la obligación de decirle que su proyecto era tal magnitud que el montaje teatral sería imposible por el costo de producción.
En su delirio de grandeza, Hitler no sólo quería emular a Wagner sino incluso superarlo. En 1908, la política le interesaba muy poco, aunque sí le gustaba pontificar sobre temas diferentes y para August, según consigna en sus Memorias, lo que decía su amigo no era lo importante sino la forma en que lo decía, señales ya de su tremenda capacidad oratoria e histriónica.
Hitler montaba en cólera, rayana en la histeria, otra prueba de su tremendo desequilibrio, cuando el amigo evaluaba con gran escepticismo sus tremendos proyectos artísticos. Pero más asombroso que la desmesura en la fantasía resultaba el hecho que después de agotadoras jornadas de muchas horas escribiendo frenéticamente sus guiones teatrales, el joven Hitler abandonaba sin más su proyecto y volvía a sumergirse en la pasividad, en la indolencia, en la indiferencia, sin referirse nunca más a su grandioso plan. Kubizek llegó a pensar, también lo consigna en sus Memorias, que su amigo estaba completamente trastornado.
Durante una discusión provocada por un piano que August había alquilado y llevado a la pequeña habitación que ambos compartían, fue que el amigo se enteró de que Hitler había sido reprobado en pintura y que jamás había asistido como alumno a la Academia de Bellas Artes, e increpó con dureza a Kubizek cuando éste se atrevió a preguntarle cuáles eran sus planes para el futuro.
RENUNCIA TAMBIEN A LA FAMILIA
Frente al Asilo de Hombres, Hitler hubiera tenido la alternativa de haber regresado junto a la familia que tenía en Linz. Es seguro que su tía Johanna, que aún vivía, lo hubiera ayudado económicamente, lo hubiera acogido en su hogar. Pero él optó por evadir totalmente a la familia, de no confesar jamás que estaba urgido de ayuda médica, de no revelar su fracaso académico y, por supuesto, de no organizar independientemente su vida a través de buscar y conseguir un trabajo, bien fuera en Linz o en la propia Viena.
Si no fue fundamentalmente la neurosis hipocondríaca, la causante de la depresión que se abatió sobre él en el otoño de 1909, repetimos para fijar el concepto, ¿a qué otra explicación racional es posible acudir para entender por qué un joven de 20 años abrace tan firmemente a Thanatos y luego se refugie durante más de tres años en la caridad pública?
"NEGOCIO" DE PINTURA
En su larga permanencia en el Asilo de Hombres, Hitler encontraría la única ocupación remunerada que desempeñó. Y este trabajo, por iniciativa de otro de los asilados, fue una especie de negocio. El pintaría acuarelas de lugares emblemáticos de Viena y el socio se dedicaría a venderlas en céntricas esquinas de la capital. Ambos de dividirían las ganancias.
La siempre generosa tía Johanna, que moriría poco tiempo después y que estaba convencida que su sobrino estudiaba en la Academia de Bellas Artes (nunca supo sobre la crisis emocional de Adolf ni tampoco sobre su indigencia ni de su fracaso académico) fue la que le envió el dinero para la compra de los útiles necesarios para iniciar el negocio.
Éste marchó bien por algún tiempo, las acuarelas se vendían, pero más tarde los socios se enemistaron. ¿Por qué? Porque la apatía de Hitler sólo le permitía pintar cuando él deseara hacerlo y no del modo sistemático que exigía el negocio. Así concluyó la única experiencia laboral que tuvo en su vida. El Munich volverá a pintar para que otros vendieran.
Al parecer, fue en la época de Asilo de Hombres en que Hitler comenzó a interesarse más por la política, actitud a la que aparentemente contribuyó decididamente la figura del dirigente social cristiano y alcalde de Viena, Karl Lueger, demagogo por antonomasia y furibundo antisemita. Otro modelo político de Hitler, aunque en escala inferior y anterior a Lueger, lo había sido el nacionalista y parlamentario austriaco, George Ritter von Schönerer, que era también antijudío. Fueron éstos los antecedentes del brutal antisemitismo que desarrollaría posteriormente el futuro dictador nazi pero que al parecer no estaba presente en la época del Asilo de Hombres. No es ociosa la pregunta de si Hitler, que llegaría a ser todo un histrión, no tomó en principio el antisemitismo, que tenía público en Europa, como banderín político, imitando a Lueger, y más tarde su desquiciada personalidad lo internalizó hasta convertirlo en firme y obsesiva convicción.
Además del antisemitismo y la llamada "puñalada por la espalda", en lo relativo a la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, el otro tema predilecto del Hitler político fue el antibolchevismo, explotando el temor que en Europa había suscitado y suscitaba el triunfo del comunismo en Rusia. Son incontables los insultos que le dirigió a Moscú. Sin embargo, y esto prueba categóricamente su histrionismo, no su sinceridad, pactaría con Stalin, según veremos, para satisfacer su incurable obsesión de guerra a toda costa.
HACIA LA HORA DEFINITIVA
En 1913, a los 24 años, la edad legal para recibir completa su parte de la herencia paterna (la otra le correspondía a su hermana menor Paula, que vivía en Linz), Adolf Hitler se trasladó a la ciudad alemana de Munich, capital de Baviera, para continuar con su misma rutina de holgazán, ahora que había recibido dinero suficiente para estar algunos meses libre de preocupaciones económicas.
Parecía recuperado del colapso emocional de años atrás, por lo menos en que lo concerniente a la depresión, no a la hipocondría.
Es importante acotar que una carta muy llorosa y su esquelético y enfermizo aspecto físico lo salvaron sin mayores consecuencias de haber evadido el Servicio Militar Obligatorio de Austria.
Se acercaba una hora decisiva en su vida, acompañada de un suerte asombrosa, ¡increíble!, y de un terrible desastre para la humanidad.
(FE DEARRATA: El primer nombre de Kubizek, el único amigo de Hitler en la adolescencia, es August y no Gustav. Pido disculpas por el error).
Continúa la próxima semana
"Siquiatra" de horror y muerte adormece hipocondría





