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Hitler provoca la guerra en 1939 por terror al cáncer

No tuvo ninguna relación sexual hasta los 39 años


Por Alejandro Vilela G.
Experto en Política Internacional



sábado 20 de marzo de 2010, actualizado

La sexualidad es otro de los grandes misterios en la personalidad de Adolf Hitler. No se le conoció ninguna relación íntima con una mujer hasta que conoció a su media sobrina Geli Raubal, hija de su media hermana Angela, aproximadamente a finales de 1928. Ella tenía 20 años y él 39. Ambos vivieron en el lujoso apartamento que él ya poseía en Munich. Nunca ha sido confirmada seriamente ninguna relación íntima anterior.
Hitler llevó a su media sobrina a vivir en el lujoso apartamento que ya poseía en Munich.
Hitler llevó a su media sobrina a vivir en el lujoso apartamento que ya poseía en Munich.
Freud, basó su teoría del complejo de Edipo en la célebre obra de Sófocle, Edipo Rey.
Freud, basó su teoría del complejo de Edipo en la célebre obra de Sófocle, Edipo Rey.
Eva Braun, futura esposa de Hitler, retratada junto a él.
Eva Braun, futura esposa de Hitler, retratada junto a él.

La joven, atribulada y deprimida por le carácter sumamente posesivo de Hitler, terminó suicidándose en 1931 utilizando una pistola de él. El líder nazi cayó en una profunda depresión y tuvo que ser vigilado durante semanas por dirigentes del partido ante el temor de que también se quitara la vida. Después se recuperó como si nada hubiera sucedido, y continuó con su quehacer político.

Varios años antes, Hitler había conocido a una joven en un pequeño hotel de los Alpes bávaros, no lejos de donde el futuro dictador construiría su mansión, verdadera fortaleza. De esta relación, del lado de él, sólo se conoce una carta tierna pero sin ninguna pasión. Ella, en cambio, sobreviviente de la guerra, relataría que una tarde Hitler la besó apasionadamente junto a un árbol. Las circunstancias del testimonio lo hacen poco creíble.

La pregunta clave es la siguiente: ¿Cómo un hombre normal y sin ninguna obligación religiosa pudo haber estado 39 años sin ninguna relación sexual, cuando además, según ha dejado saber su único amigo de la adolescencia, Gustav Kubizek, Adolf se pronunciaba tajantemente en contra de la masturbación?

Desde su adolescencia y primera adultez, el futuro dictador estuvo siempre en contra de las relaciones sexuales, profunda represión que racionalizaba con la doctrina del nacionalista austriaco Georg Ritter von Schönerer, según la cual practicar el sexo antes de los 25 años robaba energía y voluntad. Pero lo de él no fueron 25 sino 39 años. La única novia que tuvo fue a los 17 ó 18 años y hoy no podría ni siquiera ser calificada de novia virtual, electrónica. Se llamaba Stefanie y él la veía caminar por un puente sobre el Danubio en la ciudad de Linz, donde ambos residían. El la consideraba su novia. Esta imagen evoca romántica belleza. El problema es que Hitler nunca se atrevió, no a enamorarla, sino tan solo a dirigirle la palabra. Años después, en conversaciones de trinchera durante la Primera Guerra Mundial, seguiría refiriéndose a Stefanie como su novia de juventud, reafirmando la fantasía con la que trataba de encubrir ante sus compañeros de armas su profunda represión sexual y misoginia.
Kubizek nos deja saber igualmente el pánico que le tenía Adolf a las enfermedades venéreas que es posible contraer en las relaciones íntimas con una prostituta, apareciendo aquí también su aguda hipocondría.
 
EL COMPLEJO DE EDIPO
Acudiendo a la escuela freudiana y de otros eminentes sicoanalistas, no sería descabellado proponer, hipocondría aparte, el argumento de que la fobia de Hitler hacia la sexualidad tenía como base una honda y grave represión asociada a un complejo de Edipo sin resolver, es decir, atracción carnal hacia su madre, que tiene que haberlo súper mimado y súper protegido después de la pérdida en la infancia de cuatro de sus seis hijos, habiendo sido Adolf el único varón sobreviviente, como ya hemos consignado.

Freud tomó el nombre de complejo de Edipo del drama legendario de la antigua Grecia, llevado al teatro por el eminente dramaturgo Sófocles con el nombre de Edipo Rey, en que el príncipe Edipo de Corintio (luego rey de Tebas), sin saberlo, mata en un combate a su padre y se desposa con su madre, también sin saberlo. Al conocer del terrible incesto, ella se suicida en tanto que Edipo se saca los ojos, cumpliéndose así, en un destino ineludible, las dos profecías del oráculo.
Para Freud, entre los tres y cinco años, en la etapa fálica o pregenital, los varones desarrollan inconscientemente un deseo sexual hacia la madre y odio hacia el padre a quien perciben como rival. Esta situación va desapareciendo progresivamente en la etapa de latencia sexual hasta el arribo, digamos, de la sexualidad normal. Pero hay casos en que el complejo edípico, que Freud entendía como un proceso universal, se mantiene reprimido y trastorna la personalidad de quien lo sufre.

Para la escuela sicoanalista es fundamental para la superación del complejo de Edipo una actitud de comprensión en los padres. El niño busca entonces identificarse con su rival, el padre, y termina tomándolo como modelo con la ayuda del Superyo  o  instancia socio-moral de la personalidad. Sin embargo, esto no era posible en el caso de Adolf Hitle, que nunca se llevó con su padre, que sufrió castigos numerosos a manos de éste y que siempre buscó refugio en el seno maternal. Es decir, la comprensión, la comunicación filial entre padres e hijos que los sicoanalistas consideran requisito básico para la superación normal del complejo de Edipo nunca fueron posibles en el ambiente familiar del niño Adolf, lo cual indicaría que su tremenda represión sexual estuviera vinculada a la no solución del mismo.    
      
Si esta consideración fuera válida, si Hitler hubiera sido ciertamente un esclavo de Edipo, preguntamos; ¿Es factible que haya sublimado su energía sexual o libido canalizándola primero hacia sus dibujos y pinturas y más tarde hacia la política y la histérica oratoria que cautivaba hipnóticamente a las crecientes masas que acudían a escucharlo, lo cual agigantaba su egocentrismo y narcisismo como mecanismos de defensa de una personalidad desequilibrada? Lo cierto es que al término de cada exaltado discurso caía exhausto como quien acaba de experimentar un apasionado y agotador orgasmo.
   
 UN EPISODIO BIEN EXTRAÑO
 Hay autores que han señalado como posibilidad o incluso afirmado que Hitler era homosexual y han citado, entre otros argumentos, algunos de sus rasgos físicos en una estatura de 5 pies 9 pulgadas: caderas anchas, hombros estrechos y manos muy delicadas y alargadas. También el sicológico de enorme narcisismo. Han señalado igualmente el número crecido de homosexuales que había en las formaciones paramilitares nazis SA y SS. Hitler los defendía de las críticas afirmando que lo único importante era su dedicación al partido, no su vida privada.

Lo que si es posible afirmar es que si el futuro amo de Europa tuvo alguna inclinación de esa naturaleza, la mantuvo siempre reprimida, nunca la hizo manifiesta. Y nos apoyamos para esta conclusión en un hecho sin duda muy extraño que protagonizó en Linz con su único amigo Gustav Kubizek, llamado a ser su compañero  de habitación en Viena.
Como era la costumbre de ambos, después de haberse conocido casualmente en el teatro de la ópera, acudieron una noche a ver una representación de la obra wagneriana Rienzi, que cuenta los triunfos, tribulaciones y muerte violenta de un tribuno romano del siglo XIV.

Terminada la función, ambos jóvenes abandonan el teatro, pero en vez de dirigirse a sus respectivos hogares como hacían regularmente, Hitler, que estaba como transfigurado, obliga a Kubizek, según testimonio de éste en sus Memorias de posguerra, a que lo acompañe por las calles de Linz, a esa horas prácticamente desiertas, a una colina en las afueras de la ciudad. Ambos suben en silencio hasta la cumbre. Ya en ella, Adolf, que no había pronunciado una sola palabra y seguía como ausente, se vuelve, toma y aprieta las manos de Gustav, y pronuncia palabras en las que, más o menos, se identifica con el tribuno romano de la ficción.

¿Contiene este extraño episodio alguna inclinación de sexualidad reprimida hacia el amigo?

Sea cual fuere la naturaleza de esta experiencia, lo cierto es que sirvió para confirmar en un futuro aún muy lejano que Hitler nunca practicó  relación homosexual alguna con Kubizek y si no la practicó con él, que fue su único amigo y cercano compañero, es porque no la practicó con nadie. ¿Y por qué lo afirmamos con tanta seguridad? Porque cuando la ocupación de Austria en 1938 y la primera ciudad visitada por Hitler fue Linz y no Viena, el ya Führer todopoderoso de Alemania aceptó en su hotel la visita de Kubizek, a quien hacia 30 años que no veía. La nutrida comitiva de altos jefes militares y jerarcas nazis que acompañaba a Hitler quedó anonadada cuando el dictador, que improvisaba a toda prisa los trámites "jurídicos" para la anexión de Austria al Tercer Reich,  recibió con mucha alegría y le dedicó tiempo para conversar al insignificante y desconocido personaje que era Gustav Kubizek.

¿Resultaría lógico que un megalómano, narcisista y egocentrista como Hitler, cuidadoso hasta lo insensato de su prestigio, en la cumbre del poder y en un momento de tan profunda significación para él como era la ocupación de su patria natal, en cuya capital había pasado tanta hambre y tanto frío, recibiera públicamente a un hombre con el que tres décadas atrás hubiera sostenido algún encuentro homosexual? ¡Por supuesto que es imposible! Ni siquiera la más absurda antilógica respondería afirmativamente.

Y esta no fue la última vez que Hitler vio a Kubizek. Un año más tarde, a escasos días del desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial, el Führer lo invitó al festival wagneriano de Bayreuth, en Alemania. No sólo esto. Le presentó a Winifred, la nuera del maestro operático.  Gustav le recordó entonces el episodio de Rienzi en Linz y Hitler, dirigiéndose a la mujer, dijo, más o menos, que todo había comenzado para él aquella noche, enigmático pronunciamiento. Seguidamente ambos visitaron la tumba de Wagner y luego acudieron a ver la obra El Crepúsculo de los Dioses, que es como un mítico fin del mundo. Irónicamente, el verdadero, el apocalíptico, sería desatado poco después por uno de los espectadores.
   
 RUMBO AL DESASTRE
El romance entre Hitler y Viena, si es que podemos designarlo como tal, comienza en 1907 cuando él contaba 18 años de edad y estaba decidido a convertirse en un gran pintor. Viajó a la  capital austriaca, pero como ya señalamos, su examen de admisión fue reprobado. Tal vez si en el novel pintor se  hubiera ocultado un talento como el de un Kandisky, que ya triunfaba en esa época, la humanidad se hubiera ahorrado 50 millones o más de muertos y un sufrimiento inenarrable. Los profesores que lo examinaron y suspendieron dijeron que tenía talento para la Arquitectura, pero que le faltaba emoción para la pintura. No obstante, a la muerte de su madre,  el regresó a Viena para quedarse, en febrero de 1908.

 Continúa la semana próxima:
 El colapso emocional de Hitler en Viena




Tu Opinión :

entusiasmo
miriam de argentina
()

me agrada sumamente el tratamiento de esta biografia, mis respetos para el autor muchas gracias.

 
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