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La esencia de su testimonio es indirecta pero muy valiosa. Se traduce en el cambio drástico de actitud, de manifiesto desdén, que observaría Hitler hacia él durante meses y que tuvo su origen en una asombrosa paradoja: el haber recibido de Göring, en cuantía nada despreciable, el gigantesco regalo que significó apropiarse pacíficamente de todo un país, la patria natal del Führer, y parte de otro. ¿Quién en su sano juicio se indignaría hasta el desprecio con el autor de semejante obsequio? Sería lo mismo que alguien se enfureciera por el regalo de un costoso traje porque la verdadera ambición, no era el traje en sí, sino robarlo de la tienda. En el caso del dictador nazi era, no la obtención negociada de los Sudetes checos, sino apoderarse por la fuerza militar de toda Checoslovaquia.
EL PILOTO MAQUIAVELO
El repaso de varios acontecimientos trascendentales, relativos a Göring y a los enunciados anteriores, así como una sintética revisión de algunos antecedentes del mariscal de campo, jefe de la Aviación militar y director del Plan Cuatrienal a cargo del rearme, ampliará la comprensión sobre la total irracionalidad del comportamiento de Hitler a través de los años 1938 y 1939.
Veamos primero quién era Göring. Un veterano oficial piloto de la Primera Guerra Mundial. No alcanzó la preeminencia y celebridad del malogrado von Richtofen, el famoso "Barón Rojo", pero se distinguió en los combates. Estaba muy bien relacionado en lo militar y también en lo social. Era un magnifico organizador y un auténtico y despiadado Maquiavelo en lo político. Ingresó desde muy temprano en el partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (nazi). Estuvo con Hitler en el fallido golpe de Estado de 1923, en Baviera. Fue presidente del Reichstag o Parlamento alemán.
Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Göring se hizo con el gobierno de Prusia además de reclamar para sí el ministerio del Interior o control policial del antiguo reino, ducado y a la sazón gigantesco Länder o Estado libre dentro de la federación alemana, la cual disolvería Hitler al siguiente año. ¡Autonomía! ¡Para nadie! Göring se distinguió notablemente en Prusia, en lo que los nazis designaban como la "coordinación", es decir, la nazificación de todas las instituciones, públicas y también privadas.
EL INCENDIO DEL REICHSTAG
Siempre he creído, pero nunca he podido confirmar, que Göring fue el autor en febrero de 1933 del incendio que destruyó el palacio del Reichstag para sembrar en la ciudadanía alemana el terror de una inminente conjura insurreccional comunista y alcanzar dos propósitos asociados: la obtención de poderes de excepción para Hitler, el umbral de la dictadura, y justificar una implacable persecución contra el partido Comunista y el partido Social Demócrata, ambos muy poderosos en esa época. Los dos objetivos se cumplieron con la precisión de un reloj suizo. A Göring le sobraban los recursos, la capacidad, la iniciativa propia y la total falta de escrúpulos para haberlo ejecutado. Da la casualidad que su residencia estaba justo al lado del palacio parlamentario. Lo que sí se sabe con certeza es que Hitler nada tuvo que ver con el siniestro el cual, al conocerlo, lo conmocionó profundamente hallándose para cenar en el lujoso apartamento de Goebbels, en Berlín.
Por el incendio fue detenido, acusado, condenado y ejecutado un infeliz holandés, Marinus van der Lubbe, que al parecer padecía de algún retardo mental y que fue tildado de comunista. Fueron arrestados también tres prominentes comunistas, entre los que figuraba el alto dirigente de la Comintern o Tercera Internacional Comunista y futuro premier de Bulgaria, Georgi Dimitrov. Los tres fueron absueltos por falta de pruebas.
SU ROL EN AUSTRIA
Göring fue en la práctica política la pieza clave en la ocupación de Austria, el vecino teutónico; ocupación que, además de otros acuerdos, violaba descaradamente a la vista de toda Europa el Tratado de St.Germain que "garantizaba" (¡Vaya garantía!) la irrestricta soberanía austriaca y prohibía explícitamente su unificación con Alemania. Fue de tal magnitud la agresividad política del mariscal en este asunto que hasta llegó a disgustar al propio Mussolini (a quien se percibía, falsa percepción entonces, como garante de la independencia austriaca) durante una visita que el Göring hizo a Roma.
Cuando el Duce del fascismo visitó Alemania por primera vez en septiembre de 1937, Göring lo invitó a su palaciega mansión de las afueras de Berlín, llamada Karinhall en honor de su esposa, para mostrarle un gigantesco mapa de Europa en el que ya figuraba Austria formando parte de Alemania. El mariscal quería obtener para el rearme alemán la riqueza minera austriaca, además del efectivo y nuevas tropas.
EL CHANTAJE MILITAR
Hitler se valió de un chantaje militar para adueñarse de Austria. Invitó al jefe de Gobierno o canciller austriaco, Dr. Kart von Schuschnigg, a una reunión en su mansión alpina. No eran infrecuentes ni tampoco inusuales las entrevistas entre los jefes de Estado y Gobierno. Lo que si resultó insólito es que la misma concluyera con un ultimátum en el que Hitler reclamaba, entre otras cosas, la legalización del partido nazi, amnistía para los nazis encarcelados, incluidos los asesinos en julio de 1934 del canciller Dr. Engelbert Dollfuss, el gran amigo de Mussolini y llamado "el campeón peso Mosca de Europa", así como también el nombramiento nada menos que como ministro del Interior del abogado Seyss Inquart, uno de sus principales secuaces en Austria. La alternativa: enfrentar una invasión militar germana, la Operación Otto, cuyos preparativos ya estaban en marcha. Esto sucedía el 12 de febrero de1938.
El chantaje militar no dio de inmediato el resultado apetecido. A su regreso a Viena y luego de celebrar reuniones con el presidente Wilhem Miklas, el canciller optó por convocar para el 9 de marzo a un plebiscito en que el pueblo austriaco decidiera si quería mantenerse soberano u optar por una eventual unión con Alemania. Esto sacó a Hitler de sus casillas. A partir de ese momento los acontecimientos se sucedieron vertiginosamente. Ahora los alemanes exigían que Seyss fuera nombrado no ministro de Policía sino Canciller. Y fue Göring, desde un teléfono en Berlín, en permanente comunicación con Viena, quien jugó el papel estelar. El gobierno austriaco terminó accediendo al nombramiento del abogado nazi como jefe de Gobierno, y entonces Göring, para cubrir las apariencias de "legalidad" ante Europa y el mundo, le ordenó enviar un telegrama solicitando la intervención de las fuerzas militares alemanas para restablecer el orden público que, irónicamente, estaba siendo violentado por los propios nazis. Seyss se negó. Pero Göring insistió y al final se salió con la suya. Le dijo que el telegrama no era necesario, que lo único importante era una petición verbal a lo que el compinche accedió. Las tropas alemanas invadieron Austria el 12 de marzo de 1938.
Previamente, Inglaterra había dicho que nada podía hacer ante una súplica del legítimo gobierno de Viena. Londres le tenía pánico, después demostraría temeridad y gran valor, a la aviación militar alemana.
IMPROVISA LA ANEXION
Otro hecho que corrobora la irracionalidad e irresponsabilidad de todo esto es que Hitler no había pensado entonces efectuar la absorción de Austria, la Anschluss, parecía conformarse en ese momento con transformarla en satélite alemán. Pero no. Al llegar a Linz, la ciudad en que vivió parte de su adolescencia, y emocionarse con el jubiloso recibimiento, decidió ahí mismo la conversión de Austria en provincia germana, para lo cual mandó a llamar con toda urgencia a los "juristas" que redactarían los documentos necesarios ¿Y Londres y París y el Tratado St. Germain? ¡Muy bien, gracias! Tampoco había entonces Derechos Humanos que preocuparan a las potencias.
Esta experiencia desbordó completamente la sicosis de guerra en Hitler. Ya en abril de propio año daba instrucciones para el Caso Verde, la ocupación militar de Checoslovaquia, de toda Checoslovaquia, no solamente de los Sudetes de mayoría alemana.
Como veremos, lo que quería era la guerra, no la negociación. Pero se encontró de pronto con la oposición de Göring, convencido como estaba de poder obtener la conquista por la vía del chantaje habitual, la propaganda, etcétera, y no de una intervención armada. La crisis checa se extendió, en etapas diferentes, desde mayo a septiembre de 1938. La obsesión guerrerista de Hitler era tan evidente que altos jefe militares, entre lo que se incluía el general Franz von Halder, futuro jefe de Estado Mayor del Ejército, estaban dispuestos a detener y destituir al Führer si éste desencadenaba la guerra para ocupar Checoslovaquia, por considerarlo una absurda temeridad.
NO QUERIA MÁS CERDOS
Después de dos infructuosas entrevistas en Alemania entre Hitler y el premier británico Chamberlain, que se había subido por primera vez en un avión a los 69 años de edad para acudir a las citas con el Führer, la guerra parecía inevitable el 28 de septiembre. Y Hitler feliz y contento sin prestarle atención a la advertencia de Chamberlain de que si Francia, vinculada en alianza militar con Checoslovaquia, acudía en auxilio de ésta, los ingleses serían arrastrados a la lucha. Pero Francia no cumplió lo pactado. En tan dramática coyuntura aparece Göring que, actuando por bajo cuerda y propia iniciativa, solicita de Mussolini actuar como mediador entre Alemania, Inglaterra y Francia. El Duce, siempre vanidoso y teatral, accedió de inmediato.
Ponga el lector otra vez especial atención. Göring no sólo se acercó a Mussolini, sino que con la ayuda de Weizsäcker, todo esto a espaldas de Ribbentrop, redactó la propuesta de acuerdo que le fue entregada al dictador italiano para que la presentara como suya y que fue la base del artero Acuerdo de Munich, suscrito el 30 de septiembre de 1938. Por supuesto, Göring le había mostrado antes la propuesta a Hitler para su aprobación.
Ahora viene lo bueno. Consigna la historia que a pesar de haber obtenido los Sudetes checos de mayoría alemana, de haberlo conseguido sin ningún sacrificio para su pueblo, en la fecha que siempre se había propuesto, el 1 de octubre de 1938, Hitler estaba muy deprimido y con un humor de perros al día siguiente de la firma del pacto, en que no se permitió la presencia de un solo representante del país desmembrado. ¿Por qué la indignación del Führer? ¡Porque lo que él había querido era la guerra y no la negociación! ¿Cómo se puede confirmar esta aseveración? El mismo Hitler se encargó de hacerlo al aislar, al excluir a Göring durante meses de su círculo más íntimo, y decir muy próximo a la invasión de Polonia que no quería que a última hora se apareciera otro cerdo con una propuesta de mediación. Göring era obeso y Mussolini no era nada flaco.
Continúa la próxima semana
La hipocondría de Hitler tenía plena justificación




