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Hitler provoca guerra en 1939 por terror al cáncer

Al Führer se le zafa el loco; espanto entre los jefes militares


Por Alejandro Vilela G.
Parte 3



lunes 22 de marzo de 2010, actualizado

Al acudir a la reunión secreta a la que Adolf Hitler ha convocado a los principales jefes militares y al ministro de Relaciones Exteriores aquel 5 de noviembre de 1937, ya poseemos una visión global de las condiciones que dominaban en la política interior de Alemania y también en la internacional de Europa.
Hittler engañó a su
Hittler engañó a su "amigo" Mussolini en cuanto a su propósito de ir a la guerra de inmediato.
Éste era el despacho de Hitler en la Cancillería del Reich donde se celebró la crucial reunión.
Éste era el despacho de Hitler en la Cancillería del Reich donde se celebró la crucial reunión.

Asisten a esta conferencia crucial el ministro de Defensa, mariscal Werner von Blomberg (el Ministerio de Defensa desaparecería poco tiempo después en la nueva reestructuración de las Fuerzas Armadas, que quedarán sometidas exclusivamente a los caprichos del dictador); el jefe del Ejército, general Werner von Fritsch; el jefe de la Armada, almirante Erich Raeder; el jefe de la Aviación Hermann Göring, llamado a ser  sucesor de Hitler en caso de muerte; y el entonces ministro de Relaciones Exteriores Konstantin von Neurath.
Es interesante destacar que, como en otras tantas ocasiones, Hitler ha comido ese día en la propia Cancillería con  Joseph Goebbels, su ministro de Propaganda, y uno de sus principales, si no su más cercano colaborador y confidente. Sin embargo, nada le ha comentado sobre la reunión que tiene prevista para más tarde y que es de máxima importancia. ¿Por qué la omisión?

Todos los presentes en la reunión creen que el tema a tratar es la distribución del acero disponible para la continuación del gigantesco y acelerado rearme, cuya existencia no es secreto para Inglaterra y Francia, cuya pusilanimidad se traduce en una funesta política de apaciguamiento, que conseguirá únicamente implantar firmemente en la mente del Führer la convicción de una absoluta impunidad.

¡GUERRA INEVITABLE!

No obstante, Hitler no hablará del acero hasta muy cerca del final de la reunión. Valiéndose de una serie de copiosas anotaciones, lo cual indica que ha venido pensando y madurando el monólogo de dos horas que les dispara ahora a los jefe militares y al ministro de Asuntos Exteriores,  plantea oficialmente por vez primera que la guerra es inevitable para resolver los problemas de Alemania, incluso si el conflicto llegara a involucrar a Francia e Inglaterra, y que es imperativo actuar a más tardar entre 1943 y 1945. A Hitler le interesaba muy poco la recuperación de las colonias que Alemania había perdido al ser derrotada en la Primera Guerra Mundial. Lo suyo era la expansión hacia el Este (y también hacia el Oeste), la creación de un imperio desde el Atlántico hasta los Montes Urales.

Antes de asombrar a los presentes con la propuesta bélica, Hitler afirma que lo que van a escuchar debe tomarse como su legado testamentario en caso de muerte.

Durante esas dos horas describe varios escenarios posibles, entre los que figura una divagación totalmente absurda, que implica claramente el estado de confusión mental en que se hallaba, y que posiblemente haya sido la causa de ocultarle la reunión a Goebbels para que el brillante ministro no detectara lo insólito de sus propuestas.

La absurda divagación se refiere a que la prolongación de la Guerra Civil española pudiera provocar un conflicto mediterráneo entre Italia, Francia e Inglaterra. Esta consideración carecía de toda lógica política por estas circunstancias: mientras que Italia y Alemania habían acudido con tropas y armamentos en ayuda de Franco (recuérdese Guernica), Inglaterra y Francia se habían abstenido de prestar cualquier ayuda a la República española. Incluso París se había negado a entregarle a Madrid un oro que era de España.

¿Cómo entonces se le podía ocurrir a alguien que Inglaterra y Francia fueran proclives de guerrear con Italia por el conflicto en España, cuando además existía el antecedente del vergonzoso acuerdo Hoare-Laval a favor de Mussolini, cuando la invasión de éste a Etiopía, del cual ya hemos hecho referencia?

Se sabe lo tratado en esta reunión, porque el coronel del Ejército, Friedrich Hossbach, quien era entonces el principal ayudante militar de Hitler, hizo anotaciones y luego redactó un memorando (el famoso Protocolo Hossbach, que fue parte de la acusación documental en los juicios de Nuremberg). Hitler se negó a leer el memorando de Hossbach que causó profunda consternación en el general Ludwig Beck, a la sazón jefe de Estado Mayor del Ejército, y que se suicidaría el 20 de Julio de 1944 por haber estado involucrado en el fallido atentado dinamitero contra Hitler.

Vale la pena señalar que los jefes militares presentes, con excepción de Göring, que era un jerarca del partido, se quedaron atónitos al comprobar el diletantismo con que el jefe del Gobierno y del Estado (Hitler había fusionado y asumido los cargos de Canciller y Presidente a la muerte en 1934 del mariscal de campo Paul von Hindenburg bajo el título de Führer, caudillo), hablaba de ir a una guerra para la que Alemania estaba aún muy lejos de estar preparada. El almirante Raeder que muy rara vez o nunca, discrepaba de Hitler, tomó el asunto como una broma, porque darle seriedad hubiera significado una locura, puntualizó. En su estimación técnico-profesional en materia de armamento naval, Alemania no podría enfrentarse a Inglaterra hasta 1943, por lo menos.

OBSESIONES DE
GUERRA Y MUERTE

A partir de esta sorpresiva reunión y hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, unos dos años después, es posible detectar en Hitler dos obsesiones paralelas y recurrentes: su afán de guerra a toda costa y su terror, nunca confesado como tal, a una muerte súbita, así como un pensamiento ambivalente, errático, contradictorio, como si los restos de su racionalidad estuvieran pugnando con incontrolables impulsos inconscientes, totalmente irracionales, que al final se impusieron. La hipocondría en Hitler, según veremos, tenía raíces sicológicas muy reales, lógicas y comprensibles.

1- "No tengo más tiempo", le espeta casi histérico a Neurath cuando el ministro, a quien muy pronto destituiría, le advierte después de la reunión que sus planes significan la guerra, y que sus objetivos pueden lograrse a través de métodos pacíficos, aunque más lentos.
2- Y al concluir la crucial reunión llama a un aparte al jefe del Ejército, general von Fritsch, quien caerá muy pronto víctima de una intriga, al parecer de Himmler, que lo vincula con una relación homosexual que probará ser falsa, para decirle que siga con su plan de vacaciones, que no se preocupe, que él no tiene planes inmediatos para ir a la guerra.

3-Cinco meses después, en abril de 1938, sin que hubiera crisis alguna con el gobierno checo, ni siquiera había tenido lugar la llamada "crisis del fin de semana", sólo la acostumbrada  agitación de la Quina Columna nazi en los Sudetes, imparte instrucciones para la preparación de una operación militar contra la democracia fundada por Tomás Masaryk, aunque escribe en el preámbulo: "No es mi intención aplastar a Checoslovaquia mediante una operación militar en un futuro inmediato". Un mes más tarde, sin embargo, encabezaba otra directriz con estas palabras: "Es mi decisión inalterable destruir Checoslovaquia mediante una operación militar en el futuro próximo", lo cual ratificaba el 13 de junio durante una reunión con oficiales del Ejército.

4- "Hitler ha dudado durante mucho tiempo que viviría para ver la creación del gran Reich alemán", escribe Goebbels en su diario pocos meses después de la reunión del 5 de noviembre.                         

    5- El Führer nazi  redacta a mano su testamento meses después de la crucial conferencia en que anuncia lo inevitable de la guerra, y mientras más pronto, mejor.

   6- "Viva la guerra", exclama en 1938 ante Honrad Henlein, jefe de la Quinta Columna nazi o Caballo de Troya nazi en la región de los Sudetes checos.

    7- La guerra tenía que llevarse a cabo durante su vida, le expresa en agostote de1939  a un grupo de altos jefes militares días antes de la agresión a Polonia.

    8- Hitler estaba en 1938 a favor de la guerra a toda costa, nos deja saber el embajador de Londres en Berlín, Nevile Henderson, que en tantos momentos decisivos se entrevistó con el Führer.

    9- En 1939, el conde Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini y su ministro de Relaciones Exteriores (quien sería eventualmente fusilado por el Duce para complacer a Hitler, desconociendo las súplicas de Edda, su hija predilecta), compartía  el criterio del diplomático británico: "Está decidido a atacar y atacará", cuenta en su diario, rescatado para la posteridad por Edda,  quien se quitó el apellido Mussolini y se llamó hasta su muerte Edda Ciano.

    10- Hitler tampoco tuvo a menos engañar a su gran "amigo" Mussolini ocultándole hasta el último minuto su intención irrevocable de invadir Polonia. No sólo lo engañó sino también lo engatusó para la firma en mayo de 1939 del llamado Pacto del Acero que involucraba militarmente a las dos naciones, obligando a una ir en ayuda militar de la otra en caso de guerra. El Duce se desquitó haciéndose el sueco en cuanto a Polonia, pero después cayó víctima de su propio oportunismo en 1940, en Francia. Mussolini creía firmemente que no habría ninguna guerra antes de 1943, tampoco la quería e Italia no estaba preparada para conflagración bélica alguna.

11- "Yo quería aplicar el arte de lo posible y subestimé el valor de lo irracional", confesaría después de la guerra el alto funcionario de carrera del ministerio alemán de Relaciones Exteriores, Ernst von Weiszäcker.

12- En febrero de 1938, en otro paso decisivo hacia la guerra, Hitler reemplaza en el ministerio de Relaciones Exteriores a Neurath, funcionario de línea moderada, con Joachim von Ribbentrop, el engreído y prepotente antiguo vendedor de vino, detestado incluso por los veteranos nazis, y que en seguida se transforma en el belicista a ultranza para mantener el favor del Führer.

13- "Hitler es un histérico que bordea la esquizofrenia. Quiere esto decir que no está loco en la común y aceptada acepción de este término, que es un neurótico", fue el diagnóstico de los cuatro sicoanalistas que, bajo la dirección del también sicoanalista, Dr. Walter C. Langer, efectuaron durante mediados de la guerra un muy extenso análisis de la personalidad del dictador alemán. La hipocondría figura entre las afecciones neuróticas.

A propósito, el Dr. Langer publicó después del conflicto un libro concebido durante la contienda, La mente de Adolf Hitler, donde vaticina con gran acierto que Hitler recurriría al suicidio cuando se viera perdido.

Lo más extraordinario de todo esto es que nadie podía detener ya su desenfreno. 

El antiguo y destituido jefe del Ejército, general von Fritsch, destinado a morir durante el ataque a Polonia, dijo con suprema elocuencia que Hitler era, para bien o para mal, el destino de Alemania. Si ese destino es el abismo, nos arrastrará a todos con él.

Continúa la próxima semana con:
¡Asombroso! Göring: testigo excepcional de mi hipótesis.  




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Me ha encantado
Juan Luis Martínez Muñoz-Cruzado de Spain
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Magnífico artículo.

 
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