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70 aniversario

Hitler provoca la guerra en 1939 por terror al cáncer

(1)

Por Alejandro Vilela G.



lunes 22 de marzo de 2010, actualizado

Un terror obsesivo a contraer cáncer y morir repentinamente, especialmente cáncer estomacal o intestinal, impulsó a Adolf Hitler a provocar a toda prisa la Segunda Guerra Mundial con el ataque a Polonia el 1 de septiembre de 1939, histórico acontecimiento que ha cumplido ahora el 70 aniversario, adelantando en años su propio cronograma para un posible estallido bélico en Europa, inducido también por él, que había proyectado teóricamente para el período de 1943-1945.
Hitler recibe en octubre de 1937 en su mansión alpina la visita del ex rey de Inglaterra Eduardo VIII y su esposa Wally Simpson.
Hitler recibe en octubre de 1937 en su mansión alpina la visita del ex rey de Inglaterra Eduardo VIII y su esposa Wally Simpson.
La Alemania nazi construyó la fuerzas armadas más poderosas de su tiempo.
La Alemania nazi construyó la fuerzas armadas más poderosas de su tiempo.

Aunque la grave hipocondría que padecía el dictador alemán, incluido su pánico al cáncer ha sido documentada en un heterodoxo y extenso sicoanálisis de su personalidad llevado a cabo a partir de 1943, en plena guerra mundial, por especialistas médicos de la Oficina de Servicios Estratégicos de Estados Unidos (precursora de la Agencia Central de Inteligencia o CIA), heterodoxo porque fue sin la presencia del paciente, la hipótesis que planteó de relacionar ese terror con la prisa por desencadenar la guerra es totalmente inédita, nunca ha sido formulada, a pesar de las decenas de miles de libros que se han escrito sobre Hitler y la Segunda Guerra Mundial, y aunque numerosos he leído, éstos representan únicamente una fracción de todo lo que se ha escrito ¿Por qué me atrevo a decir entonces que mi hipótesis nunca ha sido planteada? Porque he leído a algunos de los principales biógrafos de Hitler y nunca se menciona el tema; tema que si alguien hubiera abordado, sin ninguna duda, que hubiese trascendido.

UN ENIGMA DE PEERSONALIDAD
Por supuesto que resulta imposible derivar un solo atisbo sobre mi hipótesis de algún comentario que hubiera hecho el propio Hitler, incluso en su círculo más íntimo, (no quiso nunca ver a su hermana menor Paula, quien se ha dicho que sufría de algún retardo mental, y a quien, según parece, la obligó a cambiarse el apellido. Ella sobrevivió la guerra.) porque su personalidad de un rotundo hermetismo, se negaba con insuperable obstinación a hablar de su pasado. Sir Winston Churchill la describió magistralmente: "Un acertijo, envuelto en un misterio dentro de un enigma".

No obstante, la reconstrucción paciente y el análisis de hechos numerosos en los dos años previos a la guerra, así como de las etapas de la infancia,  adolescencia y adultez del futuro amo de Europa  permiten una formulación coherente y verosímil de mi hipótesis.

Un ejemplo muy útil para corroborar que nuestra tesis es única y respaldarla en verosimilitud es el siguiente. El profesor británico Ian Kershaw, con varios libros escritos sobre Hitler, ha publicado también una muy extensa biografía del dictador nazi, dos tomos con más de mil ochocientas páginas entre ambos, que incluye una vasta bibliografía de más de mil y tantos volúmenes y documentos oficiales consultados. Pues bien, Kershaw avala nuestra convicción que ningún autor ha planteado antes de manera específica, mucho menos estudiado a profundidad  y desarrollado nuestra tesis de que la guerra en 1939 estalló por el terror de Hitler a sufrir de cáncer y morir.

Esta deducción  proviene de un hecho muy concreto: en tantos miles de miles de páginas (obra más referencia bibliográfica) sólo hayamos en el Hitler del profesor británico el párrafo siguiente, y no como afirmación rotunda sino como simple probabilidad: "La primavera de 1938 señaló la fase en que la obsesión de Hitler por cumplir su misión durante su vida empezó a dominar el frío cálculo político. Es probable que el aumento de su preocupación por su estado de salud y su obsesión por la posibilidad de que su muerte estuviera cercana influyeran en intensificar su sensación de urgencia".

Es preciso acotar que en la primavera de 1938 la salud física de Hitler era buena; su mente es la que estaba trastornada por la hipocondría.

REARME EN MITAD
DE DEPRESION ECONOMICA

Hay que aclarar en seguida que la enloquecida premura de Hitler por acelerar el estallido de la guerra no supone en modo alguno decir que el conflicto bélico en Europa, después mundial, hubiera sido posible de evitar con el jefe nazi detectando el poder en Alemania y las monumentales Fuerzas Armadas que había construido, paradójicamente, en mitad de una brutal Depresión económica mundial. Hasta 1939 se habían invertido el equivalente de más de 37 mil millones de dólares de la época en aviones, tanques, cañones, etcétera. Era, asimismo, absolutamente imposible de evitarla por la asombrosa ceguera apaciguadora y retraimiento de Francia e Inglaterra. (Estados Unidos, en un profundo período aislacionista, se había negado incluso a pertenecer a la Sociedad de Naciones). Pero la guerra en sí no es la cuestión que nos ocupa, sino el momento en que se produjo, su aceleración, su festinación, su provocación irracional.  

Tres cuestiones, todas expuestas en la primera versión de su autobiografía, Mein Kampf  (Mi lucha) y en sus discursos, dominaban la mente siempre obsesiva del dictador nazi:

a) La ideológica y dogmática doctrinal: la creación de un súper Estado racista  en que dominara la raza aria, germánica y excluyera todo vestigio de judaísmo y otras étnias, en suma, la imposición de un despiadado darwinismo social, el triunfo de los más aptos, los más fuertes, que se obtendría por medio de sistematizar el asesinato masivo; doctrina que era en sí misma la absoluta negación de lo que había sido Hitler como escoria social en Viena: un ser débil e indolente, sin ninguna voluntad y tampoco disciplina y sin ningún propósito en la vida.  

b) La reunificación en una gran Alemania de todos los germanos que habían quedado separados de la Madre Patria en virtud de las divisiones territoriales acordadas por el Tratado de Versalles al término de la Primera Guerra Mundial, en que Alemania fue derrotada. Asimismo, la revisión de las nuevas fronteras fijadas por el propio Tratado. En cuanto a Austria propiamente, que era harina de un diferente costal, Hitler anidaba la antigua ambición germánica de anexarla, la llamada Anschluss, a pesar de la explícita prohibición a ese tenor incluida en el vigente tratado de St. Germain.

La incorporación al Reich de la región de las montañas Sudetes de Checoslovaquia, habitada mayormente por alemanes, constituía otra cuestión prioritaria. También la recuperación del puerto de Memel, de mayoría alemana, cedida a Lituania para propiciarle una salida al mar Báltico. (Lituania era una de las siete naciones surgidas al término de la Primera Guerra Mundial. Las otras eran Polonia, Checoslovaquia, Finlandia, Yugoslavia, Letonia y Estonia).

Figuraba igualmente el retorno a Alemania del más de una vez histórico puerto de Danzig (hoy Gdansk), que le proporcionó a Polonia una salida al Báltico; puerto que al término de la Primera Guerra Mundial había sido declarado Ciudad Libre y estaba bajo la administración de la Sociedad de Naciones la muy complaciente e inoperante precursora de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Y también el famoso Pasillo o Corredor cedido a Varsovia y que separaba Prusia Oriental del resto de Alemania;

d) La expansión alemana hacia el Este, el espacio vital o Lebensraum, es decir, el establecimiento de colonias en la propia Europa, no en Africa ni tampoco en Asia, constituía otra de las ambiciones principalísimas del Führer nazi
     
NADIE MAS QUERIA LA GUERRA

Repetimos, la cuestión aquí no es por qué Hitler desató la guerra sino por qué precipitó su estallido en 1939, por qué la adelantó, por qué la premura en provocarla, cuando Alemania, a pesar del impresionante rearme, no estaba preparada para un largo conflicto; cuando su pueblo no la quería (no se estaba en 1914); tampoco los estados mayores militares, que la consideraban un total desatino, una aventura temeraria; llegando algunos altos jefes militares, especialmente del Ejército, a concebir en 1938 el arresto y destitución de Hitler  si se decidía por la agresión armada contra Checoslovaquia.

Asimismo, no era bien visto por numerosos de los principales y sumamente corruptos jerarcas nazis, particularmente Herman Göring, número dos del régimen, que prefería indudablemente continuar con  su vida de gran sibarita, y que entendía que todas las reivindicaciones poblacionales y territoriales que exigía Hitler, como se comprobaría en los casos de Austria y los Sudetes checos, podrían obtenerse por la vía diplomática, eso sí, acompañada la "diplomacia" del permanente chantaje militar, la propaganda masiva,la movilización de los Caballos de Troya nazis y  la sempiterna protesta de paz, del último reclamo territorial.

A este tenor es preciso anotar dos hechos muy significativos. A mediados de noviembre de 1937 visita Berlín (el loco hipocondríaco se ha soltado días antes, pero él no lo sabe)  lord Halifax,  mano derecha del ahora primer ministro británico, el pobrecito miope sin gafas Neville Chamberlain. Durante su entrevista con Hitler, Halifax le deja saber muy claramente, sin posible margen a dudas o confusiones, que el gobierno de Su Majestad está en la mejor disposición de una revisión de todas las cuestiones pendientes, léase los Sudetes checos, Memel, Danzig y el Corredor siempre y cuando Alemania no intente modificar por la fuerza el status quo europeo. El muy prudente Halifax comentaría posteriormente que le pareció que Hitler estaba completamente loco, percepción compartida, entre otros numerosos, por el recién nombrado embajador de Londres en Berlín, Nevil Henderson, quien estaba muy lejos de ser enemigo de los nazis. Luego cambiaría.        

La buena voluntad británica no se limitó a las palabras. Poco tiempo después  "renunciaba" Anthony Eden, que no era bien visto por los nazis, y era sustituido precisamente por Halifax al frente del ministerio de Relaciones Exteriores.

¿UN REY SIMPATIZANTE
DE HITLER?  ¡NO!

(En lo que sí el gobierno británico no estaba en disposición de hacer concesiones era en tener un rey simpatizante de Hitler: Eduardo VIII, que había ascendido al trono de Inglaterra a la muerte de Jorge V, el 20 de enero de 1936. El gobierno del entonces primer ministro Stanley Baldwin, actuando por bajo cuerda, claro está, le preparó, como decimos los plebeyos, una estupenda cama al nuevo monarca enredado amorosamente con una mujer estadounidense a punto de divorciarse por segunda vez,  Wally Simpson.

El 1 de diciembre de 1936, esta fecha es sumamente importante porque ya Hitler se ha apoderado de Renania, un obispo anglicano denunciaba en el púlpito dicha relación. Se trataba en sustancia de la misma táctica actual de, cuando así conviene, se le filtra a la prensa un asunto que en seguida se convierte en un escándalo que exige una solución. La denuncia obispal fue suficiente para que Eduardo VIII tuviera que abdicar al trono. Transformado ahora en Duque de Windsor, se casó eventualmente con Wally. Duque y duquesa confirmaron que nuestro enfoque sobre la abdicación de Eduardo es muchísimo más que una conjetura. El ex rey y su flamante esposa, sin venir al caso, le rindieron una visita de admirada cortesía a Hitler,  el 22 de octubre de 1937, en su mansión alpina del Berghof, 14 días antes de que el dictador, como veremos, se despojara para siempre de su máscara de cordura.

Y, claro está, la propaganda de la época se encargó en fijar en la opinión pública que la renuncia al trono había sido por el apasionado amor de Eduardo por la no muy agraciada Wally, propaganda que hechos posteriores desmentirían fehacientemente. Después de la ocupación de Francia, duque y duquesa se refugiaron en Portugal, el más grande nido de espías de la época, hasta que el espionaje británico detectó que el espionaje alemán planeaba secuestrar a la pareja con la finalidad de instalarlos en el trono británico si se lograba la conquista de Inglaterra, la cual se planeaba con la operación León Marino, nunca ejecutada. Barcos de guerra británicos no perdieron tiempo. Trasladaron a los amantes a las Bahamas, entonces colonia británica, y los dos tortolitos esperaron  el fin de la guerra en Nassau, él como gobernador, dándose ambos la gran vida en mitad del martirologio de una parte de la humanidad).

Continúa la próxima semana con "A la víbora hay que matarla en el nido"




Tu Opinión :

las verdaderas razones de la 2da guerra mundial
angel ml. arias garcia de sto. dgo.
()

Esta es otra de las infamias que la masoneria judia vierte contra un hombre que tiene la estatura historica de Napoleon, es un absurdo atribuir un fenomeno como la guerra de europa, que tiene una motivacion politica y economica a una simple fobia, la verdadera fobia es la que le tiene el gran capital internacional sionista a que en el analisis de los origenes del conflicto se descubra que al igual que ahora la motivacion fue el saqueo a que el gran capital judio sometio al mundo causando la gran depresion del 1920, la especulacion de esos liberales economicos produjo el conflicto ante los intereses que se disputaban las riquezas mundiales al igual que ahora, los judios y sus aliados ganaron el conflicto y han convertido al mundo en un gran basurero lleno de crimenes e injusticias

 
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