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y dos dormitorios para hombres y mujeres envejecientes. También dos salas grandes, con mecedoras y sendas variedades; y en otras noticias y programas más serios.
En uno de ellos, Leticia, dama de 92 años, se sentaba al lado de José, al cual ella ponía la mano, encima de la bragueta como un símbolo de confianza, y así veían sus programas.
Sucedió que durante los cuatro días finales de una semana, José no se presentó al lado de Leticia, por lo que ella fue a la otra sala, en la que lo vio al lado de Carolina, otra señora de 89 años, que también le tenía a José la mano puesta en el sitio donde se la ponía Leticia.
Al finalizar la semana José vuelve de nuevo al lado de Leticia.
Leticia se negó a ponerle la mano donde se la ponía siempre, y llena de rabia, le preguntó: -¿Qué tiene Carolina que no tenga yo?
-¿Carolina?...bueno... tiene el mal de parkinson.








