Nuestro paìs sintió los efectos de estos fenómenos, el primero de los cuales nos dejò balance de ocho muertes que pudieron ser prevenidas si no permitièsemos el levantamiento de casuchas endebles, construidas con materiales improvisados y extremadamente frágiles, situadas en lugares de alto riesgo, como son las laderas de alturas y las márgenes de los rìos.
Tanto Hanna como Ike, si bien no nos golpearon de frente, provocaron intensos y prolongados aguaceros que obligaron al desplazamiento temporal de miles de personas, privaron de sus modestos hogares a cientos de familias y ocasionaron pèrdidas en la agricultura que pudieran superar fácilmente la nada despreciable cifra de quinientos millones de pesos.
Sin embargo, ese balance con todo y ser costoso para un paìs como el nuestro de economía débil, resulta poco si lo comparamos con los grandes destrozos que a su paso por la región ocasionaron en Haití y màs tarde, en Cuba, aparte de haber costado la vida de cientos de seres humanos en el primero y casi media docena en el segundo.
Las escenas que nos han llegado a travès de Internet asì como fílmicas y fotografías de lo ocurrido el otro lado de la frontera, apenas a un par de cientos de kilómetros de Santo Domingo, son verdaderamente dantescas en tèrmino de muerte y de cuantiosos daños materiales.
Cruzando el Paso de los Vientos que separa la Hispaniola de Cuba, hermanada a Repùblica Dominicana por tantos lazos històricos y afectivos, si bien el número de vìctimas no guarda comparación con lo ocurrido en Haití, las pérdidas materiales resultan muy superiores y de una magnitud sin precedentes.El estimado inicial habla de màs de 63 mil viviendas destruidas y unas 444 mil sin techo o severamente dañadas. Importante cultivos arrasados en su totalidad.
Cientos de almacenes y centros de acopio desaparecidos. Devastación de la cosecha de café y pérdida de gran parte del tabaco almacenado. La reserva alimentaria prácticamente desaparecida. Gran parte del país a oscuras y sin servicio telefónico. Numerosas comunidades aisladas. La catástrofe no puede ser mayor ni tiene precedentes en la isla.
Las autoridades han cuantificado las pérdidas en unos diez mil millones de dólares. Para que se tenga una idea màs aproximada de lo que esto significa esa cifra equivale a casi vez y media el Presupuesto total de Repùblica Dominicana para el presente año, es varias veces superior al monto total de las pérdidas registradas aquí por Noel, Olga y los demás fenómenos atmosféricos que nos han afectado desde entonces a la fecha y con ella posiblemente pudiéramos cancelar toda la deuda externa del país.
El gobierno que preside Raúl Castro ha admitido por otra parte, que no dispone de los recursos requeridos para poder enfrentar la tarea de reconstrucción. El futuro se presenta para el pueblo cubano en extremo angustioso y sometido a las màs agudas carestías y penurias. Es precisamente en coyunturas tan dolorosas como las que estàn pasando Haití y Cuba, que se requiere hacer patente el espíritu de hermandad de los restantes pueblos.
De ahì que a pesar de nuestra propia cuota de infortunio, vale saludar la decisiòn del gobierno de llevar en misión humanitaria asistencia mèdica, medicinas, alimentos y ropa al otro lado de la frontera, tanto como el envìo a Cuba de alimentos y materiales de construcción que acaba ser despachado por vìa marítima según ha informado el Secretario Administrativo de la Presidencia, Luis Manuel Bonetti.
Es no solo una expresión màs de la generosidad tradicional con que siempre se ha manifestado la Repùblica Dominicana frente a situaciones similares que han tenido lugar en otros paìses, sino tambièn una forma de retribuir la ayuda solidaria que, a su vez, hemos recibido de otros pueblos cuando el infortunio ha tocado a nuestras propias puertas.







