Pero la hemos rectifacdo y robustecido con el grito de capotillo, con la gesta Restauradora, y con la gloria inme sa de aquel abrilde Francis y otros miles de dominicanos y dominicanas que pusieron todo en defensa de la patria.
La hemos ido fortaleciendo en la medida en que apesar de la tanta droga, del tanto robo, del tanto negarnos el derecho a un empleo con salario justo, a una vida sin so-bresaltos, a un país lleno de esperanza, hemos salido por ahí, trapasando fronteras e idiomas, sin miedos y sin más recurso que el poder las manos y la presencia siempre fiel de la Virgen de la Altagracia acompañando a su pueblo ge neroso que durante la primera grosera intervención la pro clamó, asi al desgaire, su única soberana, su única por en cima de todo lo que somos, porque ella es la bandera domi nicana que cubrió a Sánchez en el martirio de San Juan, y que ahora sirve para cubrir el pecho de los dominicanos que por encima de sus miserias y de sus hambres, por encima de la negación de todos su derechos han hecho patria dan dole a la patria medallas de oro.
Somos grandes porque somos una nación ogrullosa, apesar de que aveces pareciera que no lo somos, y que nos olvia-mos a propósito de serlo, que nos sentimos derrotgados por la miseria y por el poco apoyo de un estado que no es falli-do, y que no está en venta, y que nada ni nadie lo hará de saparecer de la faz de la tierra, porque no hay droga maldi ta, ni dinero bien o mal habido que nos pueda comprar el or gullo de gritar a los cuatro veitnos que somos orgullosamen te dominicanos, y que nunca seremos otra cosa, porque eso, ser dominicano es un regalo de Dios en su infinita misericordia, y como la pa tria es ese hermoso regalo, la levantamos cada dia, sin otro sentido que recordarnos y recordarle al mundo que hay un país que no lo han podido doblar, ni lo van a doblar los malos, que este es el país donde nace el sol de cada mañana, y en esa trayectoria entre Dios y la patria nos reinventamos cada dia, con más fe y más orgullo.







