Al escuchar pues al Presidente Leonel Fernández, hacer un llamado vehemente para que todos unidos hagamos una Revolución Moral, me sentí comprometido con el llamado, porque yo creo en las utopías. Ahora bien señor Presidente, el panorama que presenta la República Dominicana en todos sus órdenes, es tétrico, desconsolador, aterrante, conmovedor y no añado más adjetivos para no hacer más difícil la consecusión de sus sueños. Para hacer una Revolución Moral se requiere un hombre nuevo. Nuevo en el sentido más amplio de la palabra.
Se requiere un hombre que ame más a la patria que al Don dinero. Un hombre comprometido con el porvenir de los dominicanos que aún no han nacido. Un hombre que ame a los libros como a sus hijos. Un hombre que concretice el abstracto concepto de patria. Se necesitan hombres capaces de amar, de llorar, de luchar por su terruño y defender todas las buenas acciones de nuestros próceres.
Se necesitan pues, hombres formados para el bien de la nación. Y yo señor Presidente que vengo del corazón de Villa Juana, que vivo en carne propia como ha crecido el maldito mundo de las drogas, que observo como se irrespeta lo que antes nos era sagrado, entiendo que esa Revolución Moral, que debe ser de todos, es mucho más que compromisos de políticos, es un compromiso de patriotas y patriotas nos quedan muy pocos.
Pero bueno, estamos hablando de utopía. Pero usted tiene el privilegio de poder cambiar a Tomás Moro por Alonso de Ercillas, y hacer realidad con buenos nombramientos un equipo de hombres y mujeres que amen menos el dinero y amen un poquito más esta patria de Duarte que se diluye ante esta hipercorrupción que lo pudre todo. Adelante, yo creo en las utopías.







