En un artículo nuestro bajo el título "Raíces de una sociedad violenta", anotábamos varios síntomas sociales que generan violencia, especialmente la pobreza, la desorganización familiar y la crisis ética del servidor público; que por cierto, están anulando espacios de inserción formal de convivencia y producción, provocando que residentes de "barrios cadenciados" o del "polígono central", como ya está ocurriendo, uno a uno, en pandilla o en asociación, tomen un boleto directo a la ilegalidad en procura de ese "éxito" que entienden son merecedores y que "la sociedad" les niega por las vías habituales y lícitas.
Si esto lo conocen y lo han expuesto varios funcionarios del recién inaugurado Gobierno, especialmente el Lic. Marcos Villamán en el año 2005 con el título "Violencia y Políticas Sociales", asegurando que la región era y aún sigue siendo desigual y violenta, sobre todo, en el nivel de la juventud que es donde se concentra la mayor tasa de desempleo, nos preguntamos, ¿qué hizo el Gobierno a partir de sus planteamientos? ¡el programa barrio seguro!, que por cierto, en varios de sus componentes ha resultado frustratorio. Evidentemente que algo más falta, la sociedad requiere políticas públicas más generales, pensadas globalmente y operadas localmente como recurrentemente conceptualiza el Ejecutivo.
Sin ínfulas de censor, podríamos certificar que desde hace un tiempo la vida social dominicana rompió los lazos de solidaridad, hospitalidad y cordialidad que le caracterizaban y de ahí la gran quiebra moral que hablan los antropólogos, sociólogos y psiquiatras, donde la transgresión de la norma se asocia al "pragmatismo" y este a su vez a la de "triunfador social" que con su fortuna y conductas ilegales marca las pautas del callejón, del barrio, de la urbanización o del jet set de la moda y el lujo.
Aquí no hay exclusión, delincuencia común, de cuello azul y de cuello blanco, y "sus amigos", los agentes de la vida pública, forman parte del tumor social, de la "depredación", que en el caso oficial es una "depredación controlada" con relación a la del hampa. ¡Pachangas, bares, tragos, comelonas, colmadotes, oficinas y residencias particulares, son los testigos silentes de aquellas tramas y lazos ilegales, y de una eventual rebelión en la granja!







