Los que así se plantean el problema de la educación de los ciudadanos de nuestro país, desde los estudios básicos, medios y de alto nivel, aprecian que hay que impulsar decididamente esa inversión para atacar el atraso y males ancestrales que afectan a las masas empobrecidas, mayormente requeridas de una formación para la civilidad en una sociedad equitativa.
Pero que pasa, en el entendido de que "nunca dejará de haber pobres en la tierra", y son los pobres los más requeridos de asistencia para la educación, la decisión adoptada en la actualidad para la inversión -y siempre que no sea una real prioridad- limita los recursos que deben destinarse para lo que es una de las piedras angulares del desarrollo de un país.
Para mis limitados conocimientos y humildes criterios, este país no alcanzará mejores niveles de vida para los ciudadanos probos si no se fomenta la educación desde la niñez misma, como cuando en la escuela de antaño a diario se cantaba: "No digamos jamás la mentira, no engañemos a nuestros papas, que no hay cosa más bella que un niño cuando sabe decir la verdad"...
Como no se pueden rehacer los huevos de una tortilla, uno piensa que los recursos económicos para sostener un extensivo plan de educación pudieran aparecer, sin ilusión alguna, al menos, si los corruptos dejan de robarse la sociedad, porque a través de la autoridad, asumida por el que más dinero tiene o por quien ejerce una función pública, se imponen prácticas dolosas, se cometen fraudes, asesinatos; se protege el tráfico de drogas, se estimula el transfuguismo, se magnifica al mala paga, al falsificador, al contrabandista, al testaferro, al tramposo, al mentiroso, al cuentista insincero, al "allantoso", al "bultero", se propaga graciosamente la vagancia con dádivas sin caridad, se acepta a los adulones y "lambones", comportamientos éstos que le tienen a uno el corazón quebrantado.
No se prioriza la inversión en la educación o en la formación de los individuos. Mucho tiempo de mi vida profesional dediqué a la promoción y fomento del deporte y eso me convenció de que cuando el niño, el joven o el adulto se concentra en una actividad deportiva o recreativa, es suficiente motivación para actuar positivamente y no existe, por tanto, en esos núcleos sociales proclividad al uso de las drogas, por más que se los trate de distraer, y si tienen buena educación, aún más.
Por eso, me animo a valorar la disposición de reanudar la construcción de los techados multiusos iniciados por el gobierno del ex presidente Hipólito Mejía, ejecutados a través de un plan concebido por el entonces secretario de Deportes, licenciado César Cedeño, que ejerció esas funciones durante los cuatro años del régimen perredeista.
Lo del extendido discurso del presidente Leonel Fernández, al jurar constitucionalmente, el 16 de agosto, por tercera vez, en el Congreso Nacional, tiene de esas improntas que es necesario valorar y resaltar de manera positiva, más que enfocarse en lo medularmente político.
La autoestima ciudadana, la seguridad y la confianza imprescindibles para poder habitar este país con el amor del patriota, requiere de medidas gubernamentales desarrollistas que se adopten y promuevan decididamente, sin tintes demagógicos ni perfiles partidarios que sojuzgan la voluntad.
Todavía nuestra condición de país tiene encima el peso severo del estigma de estereotipos y calificaciones infamantes, que se nos endilga en el exterior, teniéndose hasta cierto tiempo a nuestra ciudadanía como exportadora eficiente de cueros, chulos y proxenetas.
En los estereotipos que de manera positiva recibíamos como piropos era que exportábamos peloteros, como mejores pitcher y sensacionales toleteros, que se imponen en el béisbol de las Grandes Ligas de los Estados Unidos.
Pero, desde el bate con "colcho" de Sammy Sosa, el morbo encasilla la sospecha en cada bateador dominicano o en cada pitcher desde la "saliva" en la gorra de Julián Tavárez.
Desde el reinado universal de la bella Amelia Vega, en la opinión pública internacional bajó un poco la consideración de "cueros" a nuestras mujeres que van al extranjero, principalmente las que pululan en países europeos.
Pero no es asunto de mano dura o mano blanda ¡es educación mi hermano!
Para llegar a quitarnos el San Benito que por épocas tipifica a nuestra gente, aquí como en el extranjero, hay que enfocarse en la educación para alcanzar niveles de conducta ejemplares, porque la persona educada tiene la seguridad que se compadece con las medidas políticas de prevención, apego al orden y respeto de la ley y persecución del delito.
Y está más que demostrado que la práctica masiva del deporte en las escuelas, como en los barrios y urbanizaciones residenciales, es la opción más optima para la lucha y combate de la drogadicción y el narcotráfico.
Por eso, insistimos, que el anuncio del presidente Fernández de darle terminación a los techados multiusos, erigidos para la práctica y masificación deportiva en el territorio nacional, es una de las medidas anunciadas por el mandatario de mayor positivismo para emprender una campaña de combate al narcotráfico.
El proyecto de los multiusos comprendió 115 techados -67 fueron terminados- ubicados, principalmente, en la capital, Santiago y municipios cabeceras de provincias que al término del gobierno del presidente Mejía tenían entre un 50 a un 80 por ciento para su terminación, como el de Los Alcarrizos, el de la urbanización Invivienda en la capital, así como en el Seybo, Baní, Samaná y otras provincias.
Hay que esperar que el año próximo todos estén terminados y en pleno uso de la niñez y la juventud, porque es mejor que se nos reconozca como marrulleros a que nos digan "narcotraficantes" como el estigma infamante que les cayó a los colombianos al ser considerados los zares del flagelo, a tal punto que cuando se ve a un colombiano subyace el criterio, generalmente equivocado, de que se trata de un narcotraficante. ¡Que no se nos pegue ese San Benito!







