En el aeropuerto parisino de Orly fueron recibidos este miércoles 11 de
los 21 efectivos heridos el lunes en una emboscada de los rebeldes en
esa nación centroasiática, en una acción que costó la vida a otros 10
efectivos franceses.
El hecho desató una ola de críticas contra el gobierno de Nicolás
Sarkozy, quien personalmente se trasladó a Kabul para calmar los ánimos
y dar un matiz heroico a la misión de las fuerzas militares de su país
en suelo afgano.
Sarkozy, para complacer los deseos de Washington, envió a otros 700
efectivos para reforzar el contingente de tres mil militares galos que
se encuentran en ese país asiático tras la intervención impulsada por
el Pentágono y Gran Bretaña en 2001.
El jefe de Estado francés dialogó con su homólogo afgano Hamid Karzai y
en el cuartel general de la región de Kabul de la Fuerza Internacional
de Asistencia a la Seguridad en Afganistán, subrayó que la labor de su
país es "indispensable en la lucha contra el terrorismo".
Sin embargo, grupos de oposición en Francia renovaron sus críticas al
creciente compromiso del Palacio del Elíseo con la OTAN y Estados
Unidos en Afganistán e Iraq.
En especial, los socialistas se pronunciaron por definir una estrategia
clara en torno a la operación en Afganistán, así como establecer plazos
para una eventual retirada.







