El pez merodeaba por zonas costeras al parecer cebado por los cadáveres
de animales y humanos arrastrados meses atrás por una tormenta tropical
que ocasionó daños y víctimas, muchos de las cuales nunca aparecieron.
La batalla se entabló al amanecer cuando los pescadores avistaron el
escualo que solía merodear su embarcación mientras faenaban y culminó
cuando la bestia, debilitada en el desigual combate, pudo ser izada a
bordo exánime.
El tamaño del animal, tres metros y 25 centímetros, y su aspecto feroz
atrajeron a quienes transitan por la autopista que une esta capital con
el aeropuerto Las Américas, que se detenían a echarle un vistazo y
escuchar el relato de los pescadores.
Miembros de la autoridad de tránsito tuvieron que desplazarse a la zona
para despejarla dado el enorme embotellamiento ocasionado por la
presencia de los trabajadores del mar con su tiburón a cuestas.
El anticlímax de la batalla se produjo casi de inmediato cuando los
vencedores destazaron al pez y vendieron su carne al precio de 60 pesos
la libra (alrededor de dos dólares).







