Estoy convencido de que si los dominicanos tuviéramos conciencia de nuestro verdadero rol en términos sociales, los juicios políticos y morales estuvieran a la orden del día, pues somos los dominicanos los llamados a legitimar las acciones de los gobiernos y el manejo de su política fiscal, así como el de las autoridades monetarias. ¿ Y cuándo legitimamos los dominicanos las actuaciones de esas instituciones? Pues sencillamente cuando estamos convencidos de que las mismas han obrado siguiendo un orden de prioridades en el manejo de los recursos del Estado. Habría que preguntarse pues,
¿ Era de alta prioridad para el pueblo dominicano la inversión hecha en el Metro de Santo Domingo? ¿Por qué se invirtió menos del 3 % en Educación? Preguntas como éstas que muestran un desequilibrio en el orden de la inversión, podrían ser muchas. Ahora bien, huelga recordarles a las autoridades del banco Central, que hoy es más urgente que nunca, el que se mantenga la confianza de los agentes económicos.
Todos sabemos que los gobiernos formulan políticas fiscales para favorecer sectores, pagar apoyo político, desarticular presiones, favorecer sus élites y tratar de reelegir los hacedores de políticas públicas. Mientras tanto, la Economía sigue siendo una Ciencia lúgubre, el pueblo no entiende nada sobre el shock petrolero, los desajustes de las variables macroeconómicas, la expansión del gasto público, la crisis hipotecaria estadounidense, ni mucho menos lo que los economistas llaman eufemísticamente; los factores desequilibrantes de la Economía.
El pueblo lo único que entiende es que no hay dinero en las calles y que cada día se le hace más difícil vivir con dignidad. Pienso que las autoridades monetarias, jamás, jamás, deben dejarse contagiar del "gusanillo" de la política. Nunca jamás deben hacerse cómplice de ningún gobierno que intente permamecer en el poder con los recursos del Estado, con los dineros del pueblo.
La única relación existente entre las autoridades monetarias y cualquier gobierno, debe ser, en base a metas, a propósitos encaminados a elevar el nivel de vida de los domincanos. Para buenos entendedores pocas palabras bastan.







