Igualmente, coordinar la lucha internacional contra las drogas es trascendente, y se estima que el narcotráfico es un negocio que sobrepasa los 500 mil millones de dólares al año.
Los mundos de la heroína, la cocaína, el crack y el crimen son mundos curiosos y brutales, poblados por zares y reyes, mercaderes, campesinos, esclavos y agentes tanto legítimos cuanto corruptos. Hay muchos otros participantes: una extraña asamblea de consumidores de drogas, pasadores y traficantes; prostitutas, proxenetas y otros individuos de la industria del sexo.
También mercenarios, asesinos, insurgentes y traficantes de armas, y batallones dispersos de corredores, campanas, mulas, topos y otras extrañas criaturas de la calle. Los mundos del consumo de drogas y de la obtención de drogas son también tráficos y peligrosos, y en ellos el dolor, el sufrimiento, la violencia y la muerte son lugares comunes.
Son mundos ajenos y exóticos, que van de los campos de amapolas del sudeste y el sudoeste de Asia, a las selvas de la Amazonia y las tierras altas de los Andes, a los fumadores de crack, las galerías donde los adictos se inyectan y las calles de este mundo rural y urbano.
Ha sido un tema recurrente a lo largo de los años, que las drogas instigan a los consumidores a actos de violencia cruel. Miembros de contingentes antimarihuana hicieron una proclama similar acerca del arbusto diabólico de los campos; y en diversos momentos se ha dicho lo mismo sobre la cocaína, las anfetaminas y el PCP. Todo este lodazal en sinónimo de muerte.
Los investigadores del ámbito de las drogas han mantenido que los adictos a los narcóticos son responsables de millones de crímenes en todo el mundo. Además, un nivel de delitos desconocidos y quizás mayor lo cometen los consumidores de cocaína, crack y otras drogas.
En el modelo sistémico, los actos de violencia vinculados con las drogas pueden producirse por una variedad de motivos: disputas territoriales entre traficantes de drogas rivales, asaltos y homicidios cometidos dentro de la jerarquía de pasadores y traficantes como forma de hacer cumplir códigos normativos; robos a los pasantes de drogas, a menudo seguidos por represalias llamativamente violentas.
Por consiguiente, la eliminación de informantes; castigo por vender drogas "malas" que están adulteradas, son falsas o tienen otro defecto; retribución por no pagar las propias deudas y disputas generales por drogas o parafernalia de drogas.
En última instancia, entonces, ¿los consumidores de drogas -y en especial consumidores de cocaína, crack, heroína y otros narcóticos- son empujados al crimen, empujados por su sometimiento a drogas caras que sólo pueden obtenerse a través de constantes actividades depredadoras? ¿O acaso es que el crimen lleva a las drogas e intensifica carreras criminales ya existentes?. Los datos contemporáneos tienden a apoyar la segunda posición más que cualquier otra explicación.







