Los especialistas catalogan la cita de ambiciosa, y consideran que los
resultados no superarán las expectativas cuando tenga lugar entre el 7
y el 9 de julio en la isla japonesa de Hokkaido.
Según la agenda, La cumbre priorizará un acuerdo contra el cambio
climático, medidas para reavivar la economía mundial, atajar el
encarecimiento del petróleo y los comestibles y analizar el conflicto
con Irán sobre el desarrollo de la energía nuclear.
Sin embargo, los expertos indican que, dado las diferencias y la
debilidad política entre los asistentes, la declaración final estará
llena de buenas intenciones y escasas decisiones.
De una parte están los esfuerzos por consensuar un acuerdo que
sustituya el Protocolo de Kyoto, pero las naciones más contaminantes
mantienen fuertes contradicciones al respecto, añadieron.
La coyuntura actual ensombrece las negociaciones de las grandes potencias, aseguraron.
Una crisis crediticia global, las tasas de interés en alza y las
presiones inflacionarias que pueden impactar fuerte a la economía
mundial hacia finales de año, estarán latentes en las conversaciones,
centradas en los problemas de los desarrollados.
Esta reunión tendrá un costo de alrededor de 560 millones de dólares,
cuando los pobres esperan por la benevolencia de sus decisiones,
indicaron analistas.
En representación de los países emergentes estarán Australia, Brasil,
China, India, Indonesia, México, Corea del Sur y Suráfrica.
El grupo organizador está integrado por los siete países
industrializados más poderosos del mundo: Estados Unidos, Canadá,
Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón, más Rusia.






