El impacto del alza en el precio del petróleo genera inflación.
Los precios de los combustibles es para arriba que van, eso no lo aguanta nadie.
Los precios del trigo y sus derivados castigan a los consumidores.
Los precios de los alimentos se disparan.
Lo mismo ocurre con las medicinas, si usted o yo nos enfermamos tenemos un serio problema, acompañado con el drama que se pasa con el Seguro Familiar de Salud.
Los colegios no sacan el guante a las familias, aunque la Secretaria de Educación anuncia que el alza no puede sobrepasar el 12%.
A todo esto hay que sumar el alto precio de los apagones, que genera costos adicionales a las familias y las empresas.
Sobre las empresas, el cierre de muchas genera desempleo, agravando la situación a miles de familias.
Cerrar empresas o reducciones de personal, conjuntamente con el alza en la inflación, es una mezcla muy peligrosa para la gobernabilidad.
Muchos hablan de subsidios, pero son pagados por el mismo contribuyente.
El reto mundial es producir bienes y orar para que bajen el precio del petróleo, víctima de una especulación de unos pocos que llevan el mundo hacia la confrontación.
En el caso dominicano, relanzar el aparato productivo agropecuario es una urgente necesidad.
Si producimos para alimentar la población y exportar, sería un éxito.
Necesitamos pagarle el petróleo a Venezuela con alimentos, pero sin afectar la seguridad alimentaria.
Necesitamos poner en marcha una cultura productiva y exportadora.
El país debe ponerse en la onda productiva.
Debe levantarse como Lázaro.
Si algo nos enseña la especulación con los precios del petróleo y la crisis mundial de alimentos, es una alerta de que no podemos seguir como vamos, hay que actuar para evitar el colapso de la nación.







