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"Todo lo que soy, se lo debo a mamá", afirma orgulloso.
Cejudo quien sostiene el estar en un equipo de esa categoría consolida los sueños que desde niño abrigó como deportista, ha forjado su éxito con férrea disciplina y la fe inquebrantable en una meta que crece cada vez más.
Con 21 años de edad e hijo de una mujer que entró por la frontera como indocumentada, el atleta ha conseguido ya medalla de plata en el mundial juvenil 2006 de su deporte, desde cuyo triunfo forma parte del equipo olímpico estadounidense.
Desde niño le atrajeron las peleas y las artes marciales y con su hermano Angel, jugaba a ser el "campeón" relata su madre Nelly Rico, una madre inmigrante que lo ha dado todo por sus hijos. El luchador mexicano nunca contó con el respaldo de su padre que estuvo algunos años en prisión y la familia no supo cuando salió en libertad hasta que hace algún tiempo se enteraron de que había muerto.
"Todo lo que soy se lo debo a mamá", dice el luchador y narra que ella trabajaba hasta 19 horas al día en una carpintería para poder sacar la familia adelante.
La madre de Cejudo laboraba lijando y puliendo muebles.
El luchador consiguió su pase a las olimpíadas en una competencia eliminatoria celebrada el 14 de junio en Las Vegas, Nevada y en las que venció a Steven Abas, ganador de medalla de plata en Grecia.
Su mamá dice que los logros obtenidos por su hijo, son una gran bendición aunque el verlo peleando la pone nerviosa.
Cejudo es el luchador más liviano del equipo olímpico de los Estados Unidos con peso de 121 libras y estatura de 5 pies y dos pulgadas, pero con una rapidez asombrosa en sus técnicas.
Por su edad y su peso, los otros integrantes del equipo masculino de lucha, le han puesto el sobre nombre de "chaparro" (México: pequeño de tamaño) y entre la mujeres luchadores le dicen "bebé".
Henry se ha forjado la meta de ser el campeón mundial y traer el oro a Estados Unidos, un objetivo que no lo deja dormir y consume su mente mientras el conteo regresivo avanza.
Pero su sueño... apenas comienza.








