Esta sociedad hace tiempo que se paralizó y hemos estado viviendo dando vueltas en el mismo lugar, y en vez de avanzar, retrocedemos. Lamentablemente, de esto hay que culpar a nuestra clase política, que por lo único que se han preocupado, luego de la muerte de Rafael Leonidas Trujillo, es por acumular riquezas para su disfrute personal.
Todos los años, como si fuera una componenda de mal gusto, los organismos financieros internacional, destacan el crecimiento de la economía dominicana, sin embargo, esa bonanza se queda en los bolsillos de nuestra clase política, porque cada día tenemos más miseria, más desempleos y la carencia de todos los servicios básicos que necesita el ser humano.
Tenemos 47 años de "democracia" pero sólo para el diez por ciento de los dominicanos, porque el restante 90 por ciento tiene que salir a mendigar para poder comer, y así ninguna sociedad puede alcanzar el desarrollo.
Hasta ahora el Estado para lo único que ha servido es para administrar lo que la clase política se lleva, mientras miles de dominicanos mueren cada año porque le falta lo necesario para alimentarse. Somos una sociedad que anda mendigando en el exterior, pues no podemos garantizar para nosotros mismos, ni los rubros agrícolas que consumimos, a pesar de que tenemos tierra productivas por doquier, pero es mejor comprar en el exterior para que unos intermediarios se queden con una buena comisión. Nuestro país se ha convertido en un refugio de delincuentes internacionales, quienes aquí encuentran la complicidad necesaria para evadir sus fechorías en sus países de origen.
La delincuencia funciona como una industria que mueve grandes recursos económicos, que involucra a la justicia, a la policía, a la clase política y empresarial, pero todo lo vemos como normal, porque con dinero se resuelve todo.
La violencia se ha generalizado a tal grado que según las estadísticas, en los primeros cuatro meses del año en las fiscalías del distrito nacional se reciben más de diez mil denuncias de violencia intrafamiliar, pero al parecer eso no nos preocupa.
Sólo hay que abrir los diarios de la mañana y ver algunos canales de televisión para darnos cuenta que esta sociedad hay que encausarla nuevamente para que las futuras generaciones puedan vivir, porque de lo contrario nos encaminamos al precipicio.
Nuestra sociedad está llena de gente sin criterio, sin moral, y sin una visión real de lo que será el mañana, porque sólo se preocupa por vivir el día a día, y una sociedad así no tiene futuro.
Nuestros gobernantes 47 años después, no han podido elaborar un plan de desarrollo integral que abarque 20 años, y que no importa quien gobierne, debe respetarlo, no cada quien viene con sus ideas, su librito, y con un plan diferente, y así jamás podremos avanzar.
Seguimos con los mismos apagones, con la misma escasez de agua, la escuela es hablar de los mismo, la salud ni hablar, pues son muchos los dominicanos que buscando solucionar un problema de salud, encuentran otro en los hospitales, como denuncia un subsecretario de salud, no hace mucho, cuando admitió que una persona adquirió una bacteria en un centro asistencial que le provocó la muerte.
El más reciente informe del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) llegó a la conclusión de que "la sociedad dominicana ha sido secuestrada por el sistema de partidos políticos, los cuales han instaurado por medio del clientelismo y el patrimonialismo, un tigueraje político que tiene paralizado el desarrollo del país en todos los ordenes."
Desde la fundación de lo que hoy llamamos Estado, la opinión del pueblo no ha contado en la toma decisiones, sólo se les convoca para acudir a votar en las elecciones, cada dos y cuatro años, para seguirlo usando como borregos, y darle legalidad a una clase política, que se lo lleva todo entre sus bolsillos y tenerle el futuro asegurado a sus hijos, nietos biznietos y otras descendencias.
En este panorama habría que preguntarse ¿Cuál es el futuro que nos espera, cuál es la esperanza de vida y desarrollo y se vale la pena seguir creyendo en una clase política totalmente corrompida.







