Pero nadie tiene la responsabilidad de salir a explicar por lo menos a los pocos, o muchos miembros de su partido las razones de una derrota.
Es mejor comenzar las intrigas, las zancadillas, los dimes y diretes, las apetencias prematuras, el silencio como respuesta a ausencias todavía sin explicaciones, a lo poco político que fueron, a los recursos que no llegaron, o que llegaban mutilados, todo eso no se toca porque ahora es necesario cerrarle el camino al activo mejor que tiene el partido.
Pero no se quieren consultar las bases, bajar a ellas, oírlas, saber las razones que en su mucha o poca inteligencia ellas entienden se debió la derrota, pero igualmente porque piensan que se debe preservar al hombre que llevó al partido a un cuarenta por ciento cuando sus adversarios le decían la prima.
Nadie quiere hablar de las vergonzantes sumas en las urnas, sino de compras de cédulas, de recursos del estado, de otros culpables porque nadie quiere decir que llegaron muy lejos con Miguel tras el desastre de Hipólito, y tras su lucha por unificar un partido que no podía llevar siquiera ese nombre, sino una especie de asociación de intereses personales, de irresponsables apetencias, de ambiciones risibles, de sueños que van a ser émulos de Calderón de la Barca.
El PRD tiene que abrirse a una revisión desde arriba hasta abajo, y poner a las bases a decidir, dejarse de tantos arreglos y de tanto miedo a liderazgos sepultados en el tiempo, buscar a quienes no quieran trabajar para ellos, y soterradamente estén dando dinero y comprando conciencias y lealtades para su propio futuro.
El PRD tiene un reto, las elecciones de medio tiempo, y uno mayor las generales del 2012, es necesario comenzar a trabajar, como lo hizo el PLD con el mejor activo del partido hoy por hoy que lo es Miguel Vargas Maldonado, eso quieren las bases.






