En días recientes, la propia FAO ofreciò detalles numéricos del alza desmesurada de varios de los principales alimentos que integran la canasta dietética de la gran mayoría de los países. Los aceites comestibles han subido un 60 porciento, los cereales un 41 y los productos derivados de la leche nada menos que un 83. Es posible que esas cifras estén ya desactualizadas y superadas a la fecha, habida cuenta de que la escalada de precios, al igual que ocurre con el petróleo, no se ha detenido. Es una situación que afecta en general a todos los países, aunque no a todos en igual medida. La propia FAO ha elaborado un listado de 22 países que padecen desnutrición crònica, es decir permanente, y se encuentran amenazados al presente de padecer de una gran hambruna debido a que estàn obligados a importar alimentos y combustibles.Entre estos países figura Haití, considerado el màs pobre del Continente y entre los màs pobres del mundo.
Aùn sin necesidad de este informe, los dominicanos tenemos por experiencia directa, conocimiento de la situación de pobreza extrema que afecta a la mayoría del pueblo vecino, donde su escasa riqueza està mucho peor repartida que de este lado de la isla.
Testimonios explosivos de esa realidad tuvieron lugar en fecha no distante, con las protestas callejeras protagonizadas en Puerto Príncipe, debido a las carestías y subidas desmedidas de precios de alimentos bàsicos como el arroz y la leche, que obligaron a la dimisiòn del Primer Ministro y estuvieron a punto de invadir la Casa Presidencial para deponer al Presidente García Preval. Otra expresión palpable resultò la forma en que turbas de personas desesperadas se lanzaron sobre el cargamento de alimentos de un grupo de ministros religiosos, que cruzò la frontera llevàndolo como ayuda humanitaria.
La situación prevaleciente en Haití siempre ha sido motivo de preocupación por los obligados reflejos que proyecta sobre este lado de la frontera. Esa preocupación crece ahora ante la penosa realidad alimentaria que padece el pueblo haitiano y el riesgo que le pronostica la FAO de sufrir una gran hambruna, siempre como es natural, en el entendido de que no se consiga ponerle previsible remedio, o al menos conseguir que pueda paliar sus efectos.
En todos los foros internacionales en que participa la Repùblica Dominicana se ha dejado sentir la voz del país al màs alto nivel de representatividad a favor de la causa haitiana, entendiendo como tal el logro de su estabilidad política y una significativa mejoría en la condiciòn de vida de sus habitantes. Para ello se ha estado reclamando de manera consistente la ayuda de las grandes potencias.
Hoy a ese reclamo, se une la posibilidad de ofrecerle una ayuda màs efectiva. La propia FAO considera que la Repùblica Dominicana posee las condiciones requeridas para producir alimentos en cantidad suficiente para abastecer la dieta bàsica de sus habitantes, al tiempo que exportar a países de la regiòn de agricultura muy débil o casi inexistente. Quizàs sea un tanto pretencioso que podamos alcanzar el ideal de convertirnos en el llamado "Granero del Caribe".
Pero no cabe duda que si trazamos una política a corto, mediano y largo plazo de aprovechamiento intensivo de la tierra usando adecuada tecnología, poniendo a producir tierras ociosas o subutilizadas y fundamentada en una estrecha alianza entre el gobierno y los productores agropecuarios que ofrezca a estos las necesarias facilidades e incentivos, podemos aumentar de manera apreciable nuestra capacidad alimentaria. Esto así, tanto para suplir nuestro propio mercado a precios accesibles, como para satisfacer requerimientos de los pueblos vecinos. En tal caso, queda por descontado que nuestra primera prioridad sería abastecer el mercado haitiano y ahorrarle el peligro de esa gran hambruna que le advierte el informe de la FAO.
En ello cuentan tanto razones de interés comercial al incrementar nuestras exportaciones que no excluyen las humanitarias, como de orden social y político. Porque de lo contrario, y estemos claros en esto, si se concreta ese riesgo de hambre en Haití, la presiòn demogràfica sobre nuestra frontera pudiera alcanzar niveles insospechados y profundamente traumàticos. Después de garantizar nuestra soberanía alimentaria, Haití es sin duda, nuestra segunda prioridad.







