Nos hemos civilizado, y alfil hemos entendido que en modo alguno las diferencias de credo político puedan dividir a los amigos, o a la familia, ni llevar el luto y el dolor a los dominica nos.
Estamos a la vuelta de la esquina para las elecciones del 16, y todo indica que vamos a tener otros cuarenta y cinco días de la misma saturante campaña hasta que los dominicanos de vuelta a las urnas elijamos al hombre que ha de conducir los destinos nacionales por los próximos cuatro años.
Debemos hacer protesta de que va a terminar todo como hasta ahora, sin dolorosos acontecimientos que tener que lamentar de la forma más civilizada posible, cada quién ejerciendo su derecho no solamente a votar, sino a patrocinar y defender el candidato que entienda que lo puede hacer mejor, que nadie, ni el gobierno ni nadie, pueda osar pretender acallar el derecho que nos asiste a todos los dominicanos de elegir y apoyar a quién nos dé la gana porque fue precisamente el pueblo, el más humilde, que puso la sangre y los muertos para poder construir una democracia que aunque todavía floja en muchos aspectos, es la que tenemos y que vamos a ir perfeccionando en la medida de lo posible en la búsqueda de ir adecuándola a los tiempos y a las necesidades de la sociedad dominicana.
Elegir y ser elegidos es un derecho constitucional, votar es un deber, y hacerlo responsable y respetuosamente es algo que le debemos a la sociedad toda, y al país que hemos soñado.
Que nada ni nadie nos perturbe ni nos aparte de la responsabilidad que tenemos como dominicanos de ir construyendo una nación más justa y más equitativa para todos.







