No nos engañemos, a veces tememos la impresión como si la sociedad dominicana se encaminara velozmente hacia su autodestrucción. Cada día más jóvenes entran al asqueroso mundo de las drogas.
La juventud dominicana es ignorante al extremo de más de un 80% no conoce a Gregorio Luperón, Ustedes saben que no exagero. Si a este tétrico panorama, le sumamos el comportamiento social de los partidos políticos, habría más lamentaciones, y por supuesto exacerbaría nuestro pesimismo en el futuro de la Nación Dominicana. Justo es preguntarse pues, si valió la pena tanto sacrificio del patricio para darnos una patria libre. La respuesta debe darse sin titubeos, Claro que sí.
Porque ahora más que nunca es que los dominicanos debemos volver la mirada hacia él, y atesorar su legado. ¿ Y cuál fue ese legado? Pues, sencillamente la Fe inconmovible que tuvo de que era posible forjar una Nación libre y soberana en una sociedad aislada, incomunicada del mundo. Patológica fue su Fe patriótica para hacer posible el sueño de Nación, bajo una miseria espantosa, alarmante, y con una población de apenas 150,000 habitantes. Debemos insistir hasta la terquedad, de que a Duarte hay que situarlo más cerca de la tierra que del cielo. Duarte fue un hombre de su tiempo.
Abrevó del caudal de los conocimientos que produjo el siglo de las luces. Sus biógrafos están contestes en que conoció los trabajos de Montesquieu, sobre todo, el "Del espíritu de la Leyes. "y hay quienes aseguran , que tuvo en sus manos, " El contrato Social" de Jean Jacques Rousseau.. Nuestro Duarte fue pues, un hombre de su tiempo.
Conoció los gritos de libertad de la Revolución americana de 1776 y se ilustró de los grandes acontecimientos de la Revolución Francesa.
Que a nadie le quepa la menos duda, el "Filorio mayor, como diría cualquier conservador de la época, fue un político desde los pies hasta la cabeza. Tuvo Duarte condiciones excepcionales de líder, de pensador, de hombre de acción, ( sí, de hombre de acción).tuvo la visión política para concertar alianzas, para aglutinar, y el encanto al igual que Jesús para tener seguidores dispuestos a dar sus vidas por él. Con la mirada puesta en Duarte, levantemos la bandera de la Fe, del optimismo renovado, para que nuestra querida patria, supere estos momentos aciagos, y recupere la dignidad y el decoro







