Debe ser así y es un compromiso de todos los buenos hijos de la patria que compartimos como heredad todos los que tuvimos s la suerte de nacer dominicanos.
La democracia que disfrutamos, aunque muchas veces reneguemos de ella por la absurda forma de utilizarle para beneficio propio de los lideres y dirigentes políticos, es no sola/ mente el mejor sistema conocido hasta el momento, sino que ha sido mucha la sangre que hemos derramado como pueblo, y que hemos tenido que sacrificar como un conglomerado de decidido a progresar en libertad, y en respeto, pero sin privilegios irritantes que todavía ponen en jaque nuestra joven democracia.
Ahora cuando un nuevo intento reeleccionista amenaza seriamente en dividir a la familia dominicana, cuando no se cree a cien por ciento en las autoridades de la Junta, cuando se denuncia el uso y el abuso de los recursos del Estado, cuando des de el poder se ofende y se avasalla, entonces la dura realidad es que puede nacer un gobierno que no sea la expresión de la voluntad de las mayorías libremente expresada en las urnas, y esa realidad está presente en una oposición con un alto respaldo, un gobierno cuestionado, y la intención de permanecer en el poder más allá de agosto del presente año.
Es necesario comenzar a bajar los ánimos, a reconocer y cree r en las autoridades del país porque no es posible seguir trilla trillando el camino doloroso de la falta de confianza, cuando lo que el país necesita es progresar, y para progresar es necesaria la integración de todos los dominicanos, sin banderías y sin credos, en el trabajo diario de fortalecer y engrandecer la patria de todos.
El gobierno debe ser el primero, y más preocupado porque las elecciones sean rodeadas de toda credibilidad y el trabajo de
la Junta tiene que ser transparente y creíble por el bien de la sociedad dominicana toda.







