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TEMAS PROFUNDOS

El narcotráfico como heces esparcidas


Por Maguá Moquete Paredes
Analista Político y Social / maguamoqueteparedes@yahoo.com



domingo 12 de octubre de 2008, actualizado

El científico, biólogo marino, documentalista y estudioso permanente de la natura, Jacques Yves Cousteau, decia: “pocas personas -pocos gobiernos- se dan cuenta de que esta ofensiva de las drogas (y especialmente de la cocaína) es simplemente un episodio de una empresa planeada de desestabilización del mundo occidental. Estamos viviendo una guerra (no declarada, pero inclemente) y en momentos de emergencia nacional como éstas, sólo medidas excepcionales pueden vencer la amenaza. Sólo una opinión pública fuerte puede impulsar a los líderes a organizar seriamente la defensa de la cultura occidental.”

"La habilidad del hombre -en reflexión de Cousteau- para perturbar la ecología del planeta va a la par con su propensión a contaminar su propio medio interno usando drogas que crean dependencia. Entre ellas, la cocaína, extraída de la delicada hoja de un arbusto sudamericano, es la más dañina... La cocaína, más que cualquier droga que cause adicción, daña, a veces de modo permanente, los finos mecanismos de neurotransmisión cerebral esenciales para una conducta racional coherente."

Por lo descrito, pienso que la trivialización del consumo de cocaína, tan manifiesta en los medios de comunicación social y/o la pantalla del cine o la televisión, también se muestra en los informes sobre el suministro cada vez mayor de la droga.

En cierto modo, contrarrestando los esfuerzos determinantes de las frecuentes detenciones de embarques de droga por oficiales a cargo de la aplicación de las leyes.  Flotas de aeroplanos llevan su cargamento diario de "oro blanco", extraído de las hojas de la coca. Las rutas de distribución, controladas por la poderosa y asesina mafia internacional, mantienen abasteciendo a todos los países del mundo de ese fatídico  mal.

El nuevo método de "empaque corporal" es usado para contrabandear cocaína desde sudamérica hasta los Estados Unidos y Europa. El "empacador corporal", "burro" o "mula", ingiere paquetes llenos de cocaína junto con un agente constipante. Después de pasar -si es que cruza- por las aduanas, el empacador expulsa los paquetes y son recuperados los contenidos. Por esta vía han sido transportados hasta cien de tales paquetes de cinco y diez gramos por una sola persona.

En algunos casos el paquete se abre y el contenedor se intoxica gravemente; en consecuencia, puede morir por sobredosis de cocaína. Este modo de transporte ha llevado a la observación sistemática, por medio de equipos sofisticados en los puertos y aeropuertos de los viajeros sospechosos.

Es mi deber precisar, por otro lado, que la mayor parte de los narcodólares probablemente se colocan en bancos o se invierten en el extranjero, y las prioridades de los gastos de los traficantes en sus países ciertamente no coinciden con las de los planificadores económicos (las actividades económicas principales parecen salir mal libradas). Un artículo reciente en The Economist informaba:

"El impacto económico de mil millones de dólares invertidos en sobornos, a los políticos y en adquirir símbolos de status generalmente ha de ser menor que el de mil millones de dólares invertidos en construir carreteras y generadores eléctricos".

La mayor parte de los millones de millones de dólares que ganan los traficantes de cocaína se quedan en el exterior en paraísos insulares, principalmente en las Islas Caimán o en inversiones como finca raíz en el exterior, acciones y negocios.

El que los traficantes inviertan su dinero en su país o en el exterior depende de varias condiciones en el país de origen: oportunidades de inversión, tasas de interés, estabilidad política y -quizás lo más importante- la política del gobierno hacia el tráfico de drogas.

Las ganancias que regresan o que se quedan en el país pueden sumarse a las reservas oficiales de un país o pueden circular en la economía clandestina del dólar. Los fondos de los narcotraficantes también pueden regresar al país convertidos en contrabando, diamantes, oro, y otros objetos valiosos, los cuales luego se venden o se cambian por moneda local.

Cualquiera que sea la política prevalente hacia el tráfico de drogas, los gobiernos latinoamericanos generalmente tratan de estimular la repatriación de los narcodólares y el flujo de este dinero al sistema bancario legítimo.

El tráfico de cocaína en el Hemisferio Occidental constituye una manifestación particularmente severa del conflicto Norte-Sur sobre la droga. Las preocupaciones de los Estados Unidos de América con la cocaína están claramente definidas.

La acción de controlar el flujo de cocaína en los mercados norteamericanos van disminuyendo gradualmente. Los gobiernos latinoamericanos carecen de los recursos para combatir el narcotráfico. Definitivamente, no hay proporción entre los recursos disponibles para los narcotraficantes y aquellos destinados a combatirlos. Lo más importante, sin embargo, es que los gobiernos y los grandes electorados de los principales países productores apoyen incondicionalmente la guerra contra la cocaína.

Es obvio, que el tráfico de cocaína causa daño a todos. Así: corrupción rampante, número creciente de adictos, niveles de violencia en aumento, nivel moral en decadencia, y una imagen nacional en deterioro. Estas son algunas de las consecuencias más claras que este mal corroe nuestra sociedad.




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