Periodistas y comunicadores silenciados, y nada importa, que destruyan los bosque y liquiden los ríos, que la pobreza se incremente, que las drogas destruyan las familias y que la corrupción sea ley, batuta y constitución.
La imagen pública del periodismo en el Cibao Central está muy baja. La gente humilde del pueblo, empresarios, profesionales, religiosos y otros sectores, condenan el ejercicio de la comunicación en estos últimos años.
Ya suenan las campanas despidiendo a la minoría de periodistas y comunicadores que mantienen la ética profesional.
Suenan las campanas al marcharse los periodistas y comunicadores que recibieron cárceles, muertes, humillaciones y pobreza por luchar al lado de los mejores intereses de la patria.
Pero, cuando pase la era de la desvergüenza, del silencio comprado por el poder; del afán de lujos y buena vida, traicionando principios; entonces la historia pondrá a cada quien en su lugar.







