La complejidad de la vida moderna hace necesario que un gobernante posea determinados conocimientos especializados, principalmente, en el área de la administración. Y es que el Presidente de la República es un ejecutivo y, supuestamente, debe saber más que el resto de las personas que están a su alrededor.
Nuestro país, actualmente, tiene una crisis económica y social, además de que se encuentra sumido en un proceso electoral pautado constitucionalmente para el próximo 16 de agosto, cuya responsabilidad descansa sobre la Junta Central Electoral (JCE).
En el actual proceso están compitiendo 7 candidatos postulados por igual número de partido reconocidos por el organismo competente que los es la JCE, los cuales dentro de sus ofertas les proponen a los lectores soluciones diversas. Un candidato o aspirante a la presidencia de la República, tiene que tener carisma y liderazgo, para que sea respetado por los demás. Debe ser auténtica y comprender la sensibilidad de su pueblo para que sea solidario y que administre los recursos del Estado sanamente.
Un presidente debe tener un alto espíritu de superación y deseos de desarrollar al máximo a su país. Para ello, debe poseer una gran capacidad de trabajo si quiere aprovechar las oportunidades que se presentan en su actividad.
Un gobernante que no tome en consideración el marco presupuestario de que dispone, que sea irresponsable con respecto a los recursos que se le han asignado, es probable que no esté en condiciones de progresar en su gestión. Cuando no se respeta la Ley de Presupuesto, se corre el riesgo de hacer una administración corrupta y meter al país en una profunda crisis moral.
Si yo fuera presidente, por las cambiantes situaciones a que se ven enfrentadas las instituciones centrales y descentralizadas del Estado, se hace necesario que con frecuencia se deban adoptar decisiones para hacer frente a una situación prevista. A modo de ejemplo adoptaría un plan de austeridad como:
-Decretar que los altos funcionarios, durante el primer año, utilicen sus vehículos para trasladarse a sus lugares de trabajo comprando sus propios combustibles.
-Prohibir definitivamente el uso de los teléfonos celulares pagados por el gobierno.
-Limitar los viajes al exterior, a menos que sean indispensables para el desenvolvimiento de sus labores.
-Reestructurar el cuerpo diplomático, cerrando algunas embajadas y nombrando embajadores concurrentes y limitar la cantidad de cónsules y vice cónsules.
-Decretar que ningún funcionario público, de instituciones centralizadas y descentralizadas del Estado, no podrán devengar un salario mayor al que recibe el presidente de la República.
-Decretar la prohibición de nombramientos de personal nominal, o sea, fuera de lo presupuestado, como las "Nominilla".
-Decretar un aumento de cinco mil pesos mínimo y protección privilegiada de la seguridad social para los pensionados del Estado.
-Nombrar los empleados con base al cumplimiento estricto de la ley de Carrera Administrativa del Estado.
-Limitar la inversión en la promoción y publicidad de las ejecutorias del gobierno con base a un presupuesto centralizado y controlado.
-Cumplir rigurosamente las leyes que obligan destinar los porcentajes específicos en la inversión pública, como el 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a la secretaría de Educación y el 10 por ciento del presupuesto de la Nación a los ayuntamientos, para el fomento y desarrollo de las comunidades.
-Decretar una congelación de la empleomanía del sector público y cumplir rigurosamente un plan de austeridad, pero consignando los sueldos de los empleados públicos, pensionados y jubilados de la administración pública según los niveles de inflación de la economía.
Pero todo esto es un sueño que me gustaría realizarlo... -¡Si Yo fuera Presidente!-






