El valor social y estricto de la información consiste en dar a conocer fenómenos sociales de significación general y de importancia para orientar y formar de un modo positivo a la opinión pública para que ésta apoye las metas que se ha fijado la sociedad.
De estos principios se desprenden tareas concretas de la información en la esfera de la erradicación del analfabetismo, la promoción del progreso económico, de los valores culturales propios en las relaciones internacionales como base a una visión económica, social y democrática.
No es, pues, posible incluir en la información proporcionada por los medios de comunicación de masas, cualquier tipo de noticia, aunque ésta, a primera vista, y superficialmente, pueda ser interesante o hasta sensacional, sino sólo aquellas informaciones que reflejen los procesos de significación social y que ayuden a orientar el pensamiento y las actitudes de las masas hacia los esfuerzos desplegados por lograr los objetivos colectivos y los valores sociales progresistas.
Al proceso de comunicación de masas debe preceder el del conocimiento de la realidad, particularmente la realidad social. Un conocimiento objetivo y valorativo de la realidad social es imposible sin que se tenga un determinado punto de partida sintetizador y generalizador de los conocimientos relevantes respecto de la materia cubierta.
En la esfera social, que es la esfera prioritaria para toda actividad periodística, corresponde a este requisito el conocimiento de las leyes que regulan el desarrollo de la sociedad, apoyado en una concepción científica del mundo.
El valor cognitivo de la información no puede garantizar mediante la veracidad de hechos aislados. Una información verdaderamente valiosa debe estar sujeta a un método de selección racional (científico) y sistemático y debe ser congruente en sus proporciones, contexto, continuidad e interpretación.







