Los dirigentes que han quedado al frente de la organización han demostrado que no eran más que muchachos de mandado del viejo caudillo, que no eran capaz de pensar ni actuar por sí solo, y que lo único que le interesaba era estar arriba, aunque fuera arrimado.
Está bien que hubiese la unidad con el PLD en 1996, pero pasado ese período creíamos que los reformistas iban a fortalecer la organización para que se convirtiera nuevamente en opción de Poder, sin embargo ha sido todo lo contrario.
El Partido Reformista agoniza y no hay médico que lo pueda salvar, pues el PLD se lo tragará sin masticarlo, tal como han expresados algunos dirigentes de la organización morada.
Incluso Franklin Almeida vaticinó que el Partido Reformista hasta perderá su personería jurídica en el próximo certamen electoral, ya que no obtendrá la cantidad de votos que le permitan seguir como fuerza política.
Todos los días se produce una hemorragia de reformistas hacia el PLD, donde entienden pueden seguir en el Poder, porque lo importante es estar arriba no importa quien sea el gobernante.
Recordemos que lo mismo ocurrió cuando Hipólito Mejía era opción de Poder, hacia él corrieron una buena parte de reformistas, quienes ocuparon cargos importantes en esa gestión, pero cuando vieron que la tortilla iba a cambiar de mesa, ellos también cambiaron.
Por más intentos que un grupito esté haciendo para mantener el Partido a flote, una mayoría importante hace lo contrario, porque entienden que a esa organización le llegó su final.
Lo que estamos viendo en la actualidad en esa organización, es que luego de las próximas elecciones, sólo quedarán las siglas para seguir ocupando algunos espacios en los medios de prensa y justificar algunas acciones económicas, pero nada más.
El afán de poder, de estar arriba como diera lugar, de decir que estar en el gobierno, encamina a esa organización hacia el despeñadero y al final le espera su tumba.
Los dirigentes de esa organización han entendido que hay que estar arriba, sin importar como, y no estar en la cola fortaleciendo una de las tres patas en que se sostiene la "democracia" dominicana y que al desaparecer una de las patas, quedará coja.
Balaguer le enseñó a sus seguidores que él era el Poder, era el Partido y lo era todo, que ellos sólo estaban ahí para hacer mandado cuando se le solicitara.
Ahí va el carro fúnebre hacia cualquier cementerio donde depositará las siglas del Partido Reformista, porque no hubo una figura luego de la muerte de Balaguer, que fuera capaz de levantarlo, porque sólo buscaban estar en el Poder a cualquier precio.
Sus dirigentes prefirieron correr despavoridos hacia otras latitudes, y no trabajar para fortalecer la organización que tantos beneficios les dios durantes siete período que gobernó el país.
Ahí va el entierro del Partido Reformista, con la novedad de que esta vez no irá el pueblo acompañarlo, como a su líder, sino que son los que tantos se beneficiaron, quienes los llevan para ellos refugiarse en otro techo, en el cual nunca pusieron un clavo.







